¿Estamos listos para catalizar la industria del texto en la República Dominicana y colocar nuestras culturas en el centro del tablas rebuscado del Caribe?

Después de varios meses alejado de esta serie de ensayos que he escrito a lo dadivoso de los abriles sobre nuestro sector, regreso con observaciones renovadas y conclusiones más firmes sobre nuestra capacidad para activar la circulación de libros en la República Dominicana y sobre nuevos hallazgos que exigen influencia.

En la impresión 2025 del Festival de Escritura Dominicana (FESD), observé medios que son decisivos para construir –o reedificar– una industria del texto viable aquí. Después de mi invitado a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en noviembre de 2024, quedó claro que el problema en la República Dominicana no es tanto un sistema editorial roto sino una complacencia crónica: una festividad recurrente que nos mantiene celebrando pero no avanzando. Esa festividad nos ha impedido dar los pasos estratégicos y con mentalidad empresarial necesarios para formar un ecosistema cultural y empresarial competitivo.

El fracaso no se debe principalmente a cómo los editores, librerías y distribuidores ven la civilización como comercio. Más aceptablemente, el fracaso radica en cómo se conciben ampliamente la humanidades y el arte (especialmente por aquellos de nosotros que gestionamos y vivimos adentro de este ecosistema cultural) y en cómo nos hemos relacionado entre sí durante décadas.

Desde mi perspectiva, tres obstáculos centrales bloquean la circulación efectiva del texto (y, en consecuencia, la leída) a nivel recinto y más allá de nuestras fronteras:

  1. La marcha de estructuras organizativas sólidas en las unidades culturales, tanto públicas como privadas.

  2. Financiamiento insuficiente, tanto notorio como privado, esencial para una gobierno cultural sostenida.

  3. El cifra humano: las personas que ejecutan políticas y proyectos culturales. Este es el tipo central para ganar resultados.

propongo lo que llamo arte líder-o liderar la gobierno del arte: un enfoque holístico, práctico y viable para la gobierno cultural. Exige un diseño organizacional sólido, métodos y flujos de trabajo claros, longevo desempeño del equipo, sistemas de información internos y procesos disciplinados: exactamente las características de cualquier industria de detención desempeño. Si las literaturas caribeñas (incluidas Puerto Rico, Haití, Cuba y Venezuela) queremos innovar y dar un brinco central en visibilidad y número de lectores, debemos profesionalizar la forma en que gestionamos la civilización.

Elevar el profesionalismo de quienes dirigen instituciones culturales no es un riqueza opcional; es un requisito previo para el crecimiento catalítico. Entonces, ¿por qué ha sido tan difícil adoptar prácticas de gobierno modernas en un mundo globalizado? Porque la civilización se resiste a ser moldeada por lo de siempre; y porque hemos tolerado la desorganización como si fuera tradición.

La civilización en el Caribe es una fuerza sistémica y volátil: se mueve con destino a en lo alto y con destino a debajo, con destino a delante y con destino a a espaldas. Todos los involucrados dependen de ello y, sin confiscación, no hemos acabado reinventar nuestras infraestructuras literarias. En CuentaRD y FESD lo vemos claro: nuestra civilización no despega porque no nos hemos comprometido a hacer el trabajo duro y disciplinado que sustenta el crecimiento. Repetimos errores elementales como si fueran parte del folclore (“elementales, mi querido Watson”) y esa complacencia bloquea el progreso.

Este componente humano es el longevo aventura. ¿Cómo puede la mera privación de “hacer las cosas bien” convertirse en un obstáculo para el crecimiento? Porque los de adentro siguen atrapados por sus propios conflictos y patrones. El talento y la capacidad existen; lo que nos desatiendo es la voluntad de carear la disfunción interna, rediseñar procesos y construir estructuras que puedan prosperar.

En última instancia, la métrica única que desbloqueará el progreso cultural de estos países (incluida la República Dominicana como nuestro caso de estudio) es simple: más y mejores lectores. Debemos dejar a las generaciones futuras una civilización en la que la leída y la escritura sean hábitos, disciplinas y refugios. Eso requiere una infraestructura concreta: gobierno profesional, financiación sostenible, objetivos mensurables y programas que creen lectores para toda la vida.

¿Podremos transitar, en el corto plazo, con destino a etapas de verdadera innovación en la humanidades dominicana? ¿Elegiremos finalmente la logística en área del ritual, la ordenamiento en área de la improvisación y la responsabilidad en área de las buenas intenciones?

Se acabó el tiempo del debate cortés. Si queremos que la humanidades dominicana –y la humanidades caribeña en caudillo– amplíe su inteligencia, debemos dejar de tratar la civilización como un festival perpetuo y comenzar a tratarla como una industria que merece rigor, inversión y liderazgo. Sólo así veremos aumentos significativos en la producción, la circulación, el número de lectores y un impacto cultural duradero.

¿Estás avispado para seguir delante?

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Por Roxana Marte
Agente Literario, Gestor Cultural, Escritor
Agencia Literaria Autores del Caribe
Fundador de FESD

directora cultural de la CuentaRD Proyecto Literario