Ben Williamson revive a los Rays.

Tampa Bay estaba a escasamente tres outs de ser eliminado por los Cerveceros en el Juego 4 de la Serie Mundial, antiguamente de protagonizar una impresionante remontada en el 12do. inning para imponerse por 4-3 en un duelo de película la incertidumbre del martes en el Tropicana Field.

Con dos corredores en saco y Shane Drohan en la lomita, Jonny DeLuca impulsó la carrera del igualada con un sencillo y Chandler Simpson conectó otro imparable para satisfacer las bases, antiguamente de que Williamson entrara como bateador emergente y disparara un rodado alrededor de el oasis derecho que permitió al corredor emergente Nick Fortes anotar la rayita de la triunfo. La canción “Walking on Sunshine” retumbó por los altavoces para unos Rays que, de alguna forma, lograron salir de la oscuridad.

En la historia de la Serie Mundial, se habían registrado 16 victorias previas dejando al rival tendido en el dominio por parte de equipos que enfrentaban la exterminio. De hecho, 13 de ellas habían llegado en entradas extras y seis se habían producido en el 11mo episodio o a posteriori, como ocurrió en esta ocasión. Sin confiscación, el único equipo que lo había conseguido anteriormente estando al borde de una barrida, como estos Rays, había sido el de los Cachorros de 1910.

Los Cerveceros buscaban no sólo conquistar el primer título en la historia de la franquicia, sino igualmente convertirse en el primer equipo en superar nueve juegos consecutivos en los playoffs y en el primero en barrer tanto una Serie de Campeonato al mejor de siete encuentros como la Serie Mundial.

Justo cuando parecía que el jonrón en solitario del campocorto novato Cooper Pratt en la parte incorporación del 12do inning llevaría a los Cerveceros a los libros de historia, los Rays encontraron la forma de sobrevivir al menos un día más. Específicamente, hasta el miércoles, cuando disputarán su posterior partido como locales del 2026 con la esperanza de resistir la serie de regreso a Milwaukee.

Los Rays habían jugado tan mal en los primeros tres encuentros de esta Serie Mundial que, en una época del calendario de béisbol en la que una semana parece un mes, sería comprensible acaecer olvidado lo buenos que positivamente son. La defensa, la disciplina en el plato y la determinación inteligente en las bases que habían definido su progreso a la cima del Este de la Liga Americana y su camino alrededor de el banderín del Joven Circuito habían desaparecido por completo. Sus propios errores les habían costado tanto como el desempeño de sus rivales en los Juegos 1 y 2, antiguamente de derrumbarse por completo en el Juego 3.

Por eso, Tampa Bay no podía darse el postín de pensar en superar cuatro partidos, ni siquiera uno.

“Ganar un inning”, dijo el presidente de operaciones de béisbol, Erik Neander, antiguamente del Juego 4.

Sabían que tenían que despuntar por ahí, y así lo hicieron. Específicamente, ganaron el segundo inning, cuando un doble de Simpson permitió que DeLuca anotara desde la primera saco para darle a los Rays una preeminencia de 1-0.

Claro que, en estos días, tener una preeminencia sobre los Cerveceros parece ser una invitación a la desengaño. Y, efectivamente, Milwaukee respondió cuando Pratt conectó su propio doble remolcador alrededor de el oasis izquierdo, que permitió a Sal Frelick anotar desde la original para igualar el señalador 1-1 en la parte incorporación del cuarto episodio.

El señalador igualmente se mantuvo empatado gracias a que el abridor de los Rays, el cubano-estadounidense Nick Martínez, fue llamado desde el bullpen y respondió con dos innings en blanco, una contribución fundamental en el esfuerzo colectivo de Tampa Bay, que recurrió a todos sus brazos disponibles. Su cerrador, Bryan Baker, igualmente aportó dos entradas sin permitir carreras, gracias en parte a una espectacular atrapada de Simpson en presencia de un peligroso elevado de Garrett Mitchell que pudo haberse convertido en un extrabase. Simpson saltó para capturar la pelota contra la tapia del oasis izquierdo. Luego, un robo de segunda saco de Pratt, inicialmente decretado sereno, fue revertido tras una revisión de la repetición instantánea para poner fin al noveno episodio.

El relevista de los Cerveceros, Aaron Ashby, continuó con su increíble interpretación de octubre al impedir que los Rays colocaran corredores en saco durante el noveno, el décimo y parte del undécimo inning. Superó el récord de Andrew Miller de 2016 (16 innings) al alcanzar 18 entradas consecutivas sin permitir carreras como relevista para comenzar esta postemporada.

Por supuesto, los Rays igualmente consiguieron outs cruciales gracias a Martínez, quien pasó de abridor a relevista, Baker, Tyler Wells y Cam Booser, para seguir evitando la exterminio y mantenerse con vida, inning tras inning. El bambinazo de Pratt en presencia de Ian Seymour en el 12do episodio parecía sentenciar a los Rays. Los numerosos aficionados de Milwaukee que se habían poliedro cita en el Tropicana Field hicieron advertir su presencia con más fuerza que nunca, mientras los jugadores de los Cerveceros salían en masa del dugout para celebrar el más importante de los cuatro hits que Pratt conectó durante la incertidumbre.

De alguna forma, los Rays no perdieron la calma. Y no debe pasarse por detención que Seymour logró dominar a Jake Bauers, JMV de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, con un elevado al cuadro para cerrar la parte incorporación del 12do inning, a posteriori de que un doble del venezolano Jackson Chourio les diera a los Cerveceros la oportunidad de ampliar considerablemente su preeminencia. Aquel out terminó siendo esencial cuando los resistentes Rays protagonizaron su remontada.

Tomado de MLB.com (Anthony Castrovince).