El dominicano José Ramírez cometió un error secreto en la derrota por 3-1 de los Guardianes frente a los Rays en el Juego 2 de la Serie de Campeonato de la Liga Americana. Es cierto. Pero, cuando los Guardianes salgan al circunscripción el jueves para el Juego 3 de la al mejor de siete en el Progressive Field, con la final del Joven Circuito empatada a una trofeo por edicto, se escuchará el cántico de siempre en el hogar del equipo de Cleveland: “José, José José José”.

Puede que Ramírez sea tu tahúr de béisbol preferido. Simplemente aún no lo sabes.

Bueno, vale, los aficionados de los Guardians sí lo saben. E incluso los seguidores ocasionales ya saben que Ramírez es un tahúr dinámico. La rótulo de «subestimado» hace tiempo que dejó de aplicarse a este tahúr seleccionado siete veces para el Juego de Estrellas.

Ahora que los Guardians de Ramírez disputan la Serie de Campeonato de la Liga Americana (ALCS), cuya acto continúa este jueves por la sombra con el tercer partido en el Progressive Field, es un buen momento para compartir algunos detalles curiosos y fascinantes de su historia que quizás muchos aficionados desconozcan.

Aunque la novelística predominante en este instante expedición en torno a ese inusual error defensivo que abrió la puerta a la trofeo de los Rays en el segundo partido, Ramírez es la razón principal por la que los Guardians están en la ALCS; su talento y personalidad merecen ser celebrados.

Aquí presentamos —muy apropiadamente para el hombre que lleva el número 11 con Cleveland— 11 cosas que todo simpatizante al béisbol debería entender sobre José Ramírez.

1) Detesta que lo llamen «J-Ram»

Aclaremos esto de inmediato. «J-Ram» es poco detestable para Ramírez, quien es demasiado dinámico para un apodo tan soso.

Si es necesario usar un apodo cercano o coloquial, «Hosey» funciona. Pero en Cleveland, Ramírez no necesita apodo ni patronímico. Es simplemente «José» (y suena mejor cuando se corea al ritmo del himno del estadio: «¡Ole! ¡Ole! ¡Ole!»).

2) Ha cargado al equipo sobre sus hombros

Resulta excéntrico pensar que, hace poco más de una semana, la familia cuestionaba la capacidad de Ramírez para reponer en los momentos decisivos de octubre. Tuvo una temporada regular plagada de lesiones y sufrió dificultades durante el segundo partido de la Serie Divisional (ALDS) contra los White Sox, cuando los Guardians perdían la serie 0-2. Ya fuera por la importancia del momento o por la presión del conocido, poco hizo clic en él durante el tercer partido. A partir de ahí, registró 5 hits en 12 turnos al bate, con cinco carreras anotadas, siete impulsadas, dos jonrones, un doble y un triple en el transcurso de tres encuentros.

En el botellín partido, que selló la serie en casa, logró conectar —con un swing que recordaba al golf— una curva que venía prácticamente a la mérito del suelo, logrando un jonrón que marcó un antaño y un posteriormente en su carrera; después, brilló con tres imparables en la trofeo de Cleveland durante el primer partido de la Serie de Campeonato de la Liga Americana (ALCS).

Como correctamente dijo su compañero Chase DeLauter: «Es el mejor de todos los tiempos… Cuando sale al campo con esa intensidad, nos contagia a todos».

3) Es un futuro miembro probable del Salón de la Fama

La postemporada era el único hábitat que le faltaba al historial de Ramírez antaño de este otoño, pero sus méritos para ingresar a Cooperstown ya se perfilan muy correctamente. Acumula un bWAR de 60.3 —a solo 8.6 del promedio de los terceras bases en el Salón de la Fama— y su bWAR mayor en un periodo de siete primaveras (44.7) está encajado por debajo del de Brooks Robinson (45.8).

A sus 34 primaveras, está a solo tres jonrones en temporada regular de unirse a Alex Rodríguez como los únicos terceras bases, campocortos o segundas bases con al menos 300 cuadrangulares, 400 dobles, 300 bases robadas y 1,000 carreras impulsadas. Ha sido finalista al premio MVP de la Liga Americana en cuatro ocasiones. El año pasado, Sarah Langs presentó el argumento definitivo de que es el mejor tahúr que de ningún modo ha hato dicho galardón.

4) Es un tahúr de la vieja escuela

Las estadísticas son buenas, pero es la forma en que este tahúr de complexión compacta y 1.73 metros (5 pies y 8 pulgadas) de dimensión las consigue lo que lo hace tan entretenido de ver.

Es pura entrega: uniformes sucios, cascos que salen volando e instinto natural. Sus robos de pulvínulo nacen de la inteligencia situacional más que de una velocidad de élite, mientras que su resonancia, fluidez y capacidad superior para percibir los lanzamientos le permiten defender la «esquina caliente» por encima del promedio y evitar los ponches, a pesar de tener una velocidad de bautismo y una potencia de bienhechor modestas.

5) Su inteligencia beisbolística es extraordinaria

En la novena entrada del primer diversión de la Serie de Campeonato de la Liga Americana (ALCS), Ramírez salió corriendo alrededor de tercera pulvínulo y terminó anotando cuando Jo Adell conectó un rodado alrededor de el banda izquierdo del cuadro interior. Las cámaras captaron a Ramírez riendo mientras cruzaba el plato.

¿Por qué? Después del partido, su agente reveló que Ramírez había planeado toda la trastada: sabía que Kevin Kelly iba a propalar un cambio de velocidad. Sabía que Adell golpearía la paparrucha de forma que saldría rodando alrededor de el banda izquierdo. Al intentar el robo de pulvínulo, atrajo al tercera pulvínulo de los Rays, Junior Caminero, alrededor de la almohadilla, abriendo así un hueco encajado por donde terminó pasando la pelota.

Un mal brinco en el césped fabricado del Tropicana Field la sombra próximo no empañó esta inteligencia innata.

Ramírez suele alejarse del círculo de dilación al bate solo para observar mejor el punto de independencia del tirador, jugando basándose en la anticipación más que en la simple reacción. Una de sus mayores satisfacciones es presionar a los rivales provocando lanzamientos, tomando ventajas secundarias y creando oportunidades para sus compañeros.

Rodeado de jugadores más jóvenes en una plantilla con presupuesto circunscrito, intenta constantemente transmitir estos matices, señalando: «Cuando estos chicos realmente se concentran y prestan atención al juego, anotamos muchas carreras».

6) Tiene raíces humildes

Originario de Baní, en la República Dominicana, Ramírez creció jugando al béisbol en un circunscripción de tierra pedregoso, cruzando el río Baní desde una casa rural que carecía de agua corriente.

Las limitaciones económicas lo obligaban a desafiar con un manguito demasiado apretado y a usar tapas de botellones de agua como pelotas en partidos de «vitilla». Un momento secreto en su infancia ocurrió cuando Miguel Tejada, exjugador más valioso (MVP) de la Liga Americana, organizó una clínica regional donde repartió equipo y alimentos. Ramírez corrió para ponerse al frente de la fila.

«Nunca lo olvidé», dijo.

7) Fue descubierto por casualidad

De víctima dimensión y a menudo el tahúr más adolescente de su agrupación, Ramírez jugaba a los 13 primaveras en ligas de adultos de círculo rudo, vigiladas por apostadores y donde un cuchillo colgaba detrás del plato como advertencia frente a un mal desempeño.

Los cazatalentos no le seguían la pista; por lo común, no era más que un tahúr de relleno en las sesiones de exhibición. Sin secuestro, en 2009, el director de reemplazo de Cleveland, John Mirabelli, y el cazatalentos Ramón Peña coincidieron en verlo cuando sustituía a otro tahúr y conectaba imparables en serie. Peña insistió con firmeza en su contratación, y Ramírez firmó por 50.000 dólares.

«No es el tipo de jugador que llegó precedido de gran fama», comentó Chris Antonetti, presidente de operaciones de béisbol de los Guardians. «No se le brindaron muchas oportunidades adicionales simplemente por haber realizado una inversión en él».

8) Es increíblemente seguidor

Aquella modesta inversión de 50.000 dólares compró un nivel extraordinario de fidelidad.

Ramírez se encontró frente a una emboscada en 2022, cuando los Guardians contemplaban la posibilidad de traspasarlo antaño de sus dos últimos primaveras bajo control contractual. Ramírez no quería marcharse bajo ningún concepto. Pidió insistentemente a su agente que cerrara un acuerdo para permanecer en Cleveland, priorizando la delicia y la estabilidad sobre las enormes ganancias que podría tener obtenido en la agencia disponible.

«Soy más feliz con 150 millones en Cleveland», le dijo a su agente —según un crónica de ESPN—, «que con 200 millones en cualquier otro sitio».

Ahora que tiene convenio hasta la temporada en la que cumplirá 39 primaveras, lo explica de forma sencilla: «Cleveland lo es todo para mí. Cuando nadie quería darme una oportunidad, ellos me la dieron».

9) Su encaje comunitaria va más allá de las palabras

Atribuyendo a su difunta abuela, Santa Ramírez, la enseñanza del valencia de compartir el éxito, José insistió en colaborar con los Guardians en proyectos de impacto social. Financió el campo «José Ramírez Field», con un coste de 2,7 millones de dólares, contiguo a la estructura benéfica del equipo (Cleveland Guardians Charities); esta instalación da servicio al equipo de la escuela secundaria Lincoln-West y al software Nike RBI de Cleveland, y se ubica en una calle que la ciudad bautizó con orgullo como «José Ramírez Way».

También ha contribuido a expandir localmente el software «Fun At-Bat» de la MLB y se ha unido a iniciativas para renovar por completo el deteriorado campo de Baní donde aprendió a desafiar, transformándolo en un espacio seguro y práctico para la próxima gestación de peloteros.

«La realidad», afirmó, «es que esos niños de la República Dominicana no tienen otra alternativa. Por eso considero que ayudar es algo realmente importante».

10) Respeta el diversión

Aunque su afamado altercado de 2023 con Tim Anderson dio ocasión a camisetas populares en Cleveland que celebraban el momento en que Anderson cayó a la toldo («Down Goes Anderson»), Ramírez en ingenuidad se sintió muy apenado por ello. Nunca quiere humillar a un rival ni ser trillado como un alborotador; siempre recalca que su objetivo es dar el 100% y dar ejemplo.

En el fondo, Ramírez ha dicho que lo que más le gusta del béisbol es que es «una forma disciplinada de aprender a respetarnos mutuamente».

11) Es muy divertido

Implacable en el circunscripción de diversión, a Ramírez le encanta relajar el círculo fuera de él.

Ha llevado una sujeción con una foto de sí mismo… llevando esa misma sujeción. También ha usado un cinturón adornado con su propia imagen.

Ha bromeado diciendo que es «más guapo» que Shohei Ohtani. Le ha gritado a Freddie Freeman: «Eres uno de los mejores bateadores… después de mí».

Se mete con sus compañeros durante las partidas de Mario Kart o les da un cardenal juguetón en la cuello cuando es momento de prestar atención. En una ocasión, cuando un compañero estaba destrozando un iPad tras un mal turno al bate, Ramírez le dijo con calma: «Hermano, cálmate; ese iPad no sabe batear». A veces ocupa la posición de otro tahúr durante la destreza de bautismo y bromea sobre lo obvio que resulta.

En definitiva, es cierto que une a las personas, manteniendo el círculo fresco con un humor serio y seco que deja a los demás intrigados.

No hace desatiendo adivinar qué dirá Ramírez cuando Andre Knott, el reportero de campo de Cleveland, le pregunta qué tirada conectó para alcanzar un jonrón. La respuesta es siempre la misma.

Ahora ya conoces a José Ramírez. Puede que aún no sea tu tahúr preferido, pero esperamos que entiendas por qué es el preferido de tantos.