Santo Domingo. -Hay discusiones deportivas que difícilmente admiten una respuesta absoluta. Y la que coloca frente a frente a Miguel-Guelo- Diloné y Luis Polonia (la Hormiga Atómica), dos de las mayores leyendas de las Águilas Cibaeñas y de la pelota otoño-invernal dominicana, pertenece precisamente a esa categoría.
Ambos fueron extraordinarios. Ambos hicieron historia con el uniforme amarillo. Ambos protagonizaron épocas en las que el béisbol dominicano tenía en ellos dos de sus principales figuras. Pero cuando la pregunta obliga a escoger a uno —¿quién fue el más conspicuo para las Águilas?— la respuesta exige mirar más allá de la espectacularidad.
Diloné fue electricidad. Polonia fue permanencia.
Miguel Diloné representó durante muchos abriles una de las expresiones más excitantes del béisbol dominicano. Su velocidad, capacidad para embasarse, determinación en las bases y sagacidad para cambiar un partido lo convirtieron en un tahúr diferente. Era de esos peloteros que podrían modificar un avenencia con una carrera, un robo, un batazo oportuno o simplemente con su presencia.

Su impacto en las Águilas trascendió los números. Diloné fue una figura emblemática de una época y uno de los jugadores que más identificaron a la franquicia con el béisbol de espectáculo. Su nombre quedó asociado para siempre a la velocidad y a la ataque dinámica que caracterizaron buena parte de su carrera.
Pero entonces aparece Luis Polonia, y la comparación adquiere otra dimensión.
Polonia construyó una carrera extraordinariamente larga y consistente con las Águilas. Año tras año, temporada tras temporada, fue acumulando turnos, hits, carreras, bases robadas y actuaciones decisivas. No fue simplemente un gran tahúr de una época: fue una presencia permanente en la historia de la franquicia.
Y ahí aparece uno de los argumentos más poderosos a su valía.

En una ataderas como la dominicana, donde las temporadas son cortas y cada partido tiene un enorme valencia, la consistencia durante tantos abriles tiene un peso particular. Polonia convirtió la excelencia en rutina. Fue un tahúr capaz de producir en diferentes etapas de su carrera y frente a distintas generaciones de lanzadores y compañeros.
Además, su relación con las Águilas tuvo una dimensión que va más allá de las estadísticas. Polonia terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de la ordenamiento. Su nombre quedó combinado a una cantidad extraordinaria de momentos importantes y, sobre todo, a la continuidad competitiva de las Águilas durante varias décadas.
Diloné podía ingresar un partido con su explosividad; Polonia podría ayudar a ingresar una temporada con su constancia.
En materia de campeonatos, uno y otro forman parte de una tradición ganadora de las Águilas, una franquicia acostumbrada a competir por títulos y que durante sus respectivas épocas contó con figuras de primer nivel.

Por eso, siquiera sería puntual utilizar solamente los anillos para establecer la superioridad de uno sobre el otro. Los campeonatos son colectivos y dependen de generaciones completas de jugadores, dirigentes y estructuras.
La discusión se vuelve más interesante cuando se analiza el tipo de magnitud.
Diloné fue probablemente el tahúr más espectacular de los dos. Su velocidad y su capacidad para provocar acontecimientos en el dominio le daban una dimensión particular. Era un tahúr que podía alterar el curso de un partido. Literalmente ´el dueño del play´.
Polonia, en cambio, representa quizá mejor la palabra persistencia. Su magnitud se construyó sobre una acumulación extraordinaria de temporadas de calidad. No necesitaba necesariamente dominar una época para ser determinante: podía permanecer actual mientras el béisbol a su más o menos cambiaba.
Y eso tiene un enorme valencia histórico.
Si la pregunta fuera quién tuvo las herramientas más explosivas, Diloné tendría argumentos enormes.
Si fuera quién fue más espectacular, asimismo la romana podría humillar por Diloné.
Si preguntamos quién tuvo longevo impacto en una época determinada, nuevamente Diloné tendría una candidatura formidable.
Pero si la pregunta es la que plantea esta discusión —quién fue el mejor tahúr de las Águilas en la pelota invernal dominicana— entonces la referéndum sería Luis Polonia.
No porque Diloné haya sido inferior. Todo lo contrario. Diloné pertenece al orden selecto de jugadores que cambiaron la modo de juguetear y de entender determinados aspectos del béisbol dominicano.
Lo de escoger a la Hormiga, Luis Polonia sobre Guelo Diloné obedece a su combinación de persistencia, producción, consistencia, permanencia con la franquicia, capacidad para mantenerse competitivo durante diferentes generaciones y enorme acumulación de actuaciones importantes, que sin dudas le otorga una superioridad histórica.
Diloné fue una pasión.
Polonia fue una lumbre que permaneció encendida durante décadas.
Y quizá esa sea esta la mejor modo de resumir la diferencia entre dos gigantes que no necesitan competir para pertenecer juntos al altar de las Águilas Cibaeñas.
Porque si poco demuestra esta comparación es que las Águilas tuvieron el privilegio de contar, en épocas diferentes, con dos jugadores capaces de convertirse en símbolos de una franquicia histórica.
Miguel Diloné fue uno de los peloteros más fascinantes que produjo la pelota dominicana. Luis Polonia, fue el más conspicuo de los dos en la pelota invernal con el uniforme aguilucho.
Y esa diferencia, aunque pueda ser discutible, es precisamente lo que hace tan apasionante la historia del béisbol dominicano.
