Ala mayoría de los dominicanos, imagino que así debe ser además entre los demás ciudadanos del mundo, les encanta lo de balde, es asegurar, no tener que erogar ni un centavo para obtener un artículo o presenciar una actividad cualquiera.
La experiencia sobre lo que sale en “balde o regalado”, es de que no se valora muy poco, a pesar de los esfuerzos que se hayan realizado para conquistar ese objetivo en protección de la mayoría.
En República Dominicana, se entiende, aunque no se admita, que tiene muy poco valía, cualquier cosa que se logra poco producto de la gratuidad, un razonamiento muy erróneo.
Además, no todos asimilan en su lucha dimensión ese ademán con perfiles humanitario, para que una parte de la población obtenga o adquiera, lo que no puede con bienes propios.
Quizá esa es la razón, por la que algunos segmentos de la sociedad, cuando le colocan el “ gratuito” , se abstienen de concurrir, por entender que es de escaso valía, o que va dirigido a los hijos de “machepa”, como definía el profesor Juan Bosch, a los de escaso poder crematístico.
Cuando el Comité Organizador de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, informó sobre permitir la entrada arbitrario a diferentes escenarios, la comunicación cayó de maravilla a miles de personas “incapacitados” en materia económica para obtener las boletas.
En en la mayoría de las instalaciones que originalmente se cobraría la entrada todo ocurrió con normalidad, sin confiscación, en la Arena BanReservas, un orden de antisociales, provocó desordenes, que por suerte, no afectaron la instalación en su estructura, como asientos y baños.
Pero lo ocurrido, es una advertencia de que hay que aplicar la ley sin contemplaciones, para persistir a toda costa, una disciplina estricta en los todos centros de competencias.
