La Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional no fue un círculo esa tinieblas: era un útil más, y Beto Cuevas lo tocó con absoluta precisión, convirtiendo el espacio en un refugio de nostalgia, intimidad y puro rock.

Santo Domingo. Hay conciertos que se escuchan y otros que se sienten desde un ocasión mucho más profundo. Lo que pasó con Beto Cuevas Acústico fue precisamente eso: una experiencia construida desde la emoción, donde el rock dejó de sentirse como un mercancías musical y se transformó en intimidad, nostalgia y confesión compartida.

Bajo la producción universal de SkyPro, dirigida por Pedro García, la velada apostó desde el principio por la sensibilidad antaño que por el exceso. Raymond Jáquez, músico dominicano, fue el primero en apoderarse de la sala: percusiones étnicas y atmósferas instrumentales que prepararon emocionalmente al divulgado para lo que vendría. No fue una transigencia convencional; Fue una preparación emotiva.

Luego morapio el silencio. Y luego, La Mitad. Beto Cuevas surgió vestido de desventurado, con esa presencia serena que no necesita excesos para imponerse. Día Cero y Vuelvo abrieron la tinieblas como quien regresa a una vieja herida que aún sabe cantar. No hubo artificios: todo dependió de la honestidad de la interpretación, la dirección musical de Charly Rey y una manada de guitarras, teclados, percusión y bajo que acompañaron a Beto sin invadir de ningún modo el centro emocional de las canciones.

Entre canción y canción hablaba, pero no desde el carácter de rockstar sino desde un ocasión más humano, relajado, cercano. Hizo pausas. Él sonrió. Dejo que la tinieblas respire. Esa dinámica construida igualmente desde la concepción del espectáculo convirtió la velada en poco más íntimo que un recital convencional.

Cuando llegó Paraíso, el teatro entró en sincronicidad. Luego, Beto tomó asiento para Try to Love y la tinieblas se volvió aún más desnuda. Canciones como Hombre, Animal y Aquí adquirieron una nueva textura, alejada de las versiones que dominaron radios y listas de reproducción durante abriles.

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Uno de los momentos más potentes de la tinieblas llegó con Fuera de Mí. Antes de comenzar, Beto pidió al divulgado que encendieran las linternas de sus teléfonos y la sala dejó de parecer un teatro: respiraba bajo un inmenso mar de luces suspendidas en la oscuridad, como si cientos de estrellas hubieran descendido sobre el perímetro. El diseño de sonido e iluminación hizo el resto. Sin pantallas gigantes ni excesos visuales, cada canción encontró su propia temperatura emocional.

La billete de Javiera (Javi) Flores proporcionó algunos de los momentos más potentes del espectáculo. Su voz, capaz de moverse entre tonos sutiles y otros mucho más intensos, acompañó a Beto en Todo es Perfecto y Krazyworld con presencia artística propia. El cuarteto de cuerda dominicano Mayreni Morel, Johanna Molina, Anarys Siznaga y Adriana Garcell terminaron de construir una entorno cinematográfica que elevó la sala a otro registro emocional.

El repertorio no fue un trayecto de éxitos sino una novelística emotiva: Mentira, Tejedores de Ilusión y La Luna convertidos en una experiencia sonora colectiva. El colofón llegó con una traducción de Disfruta el silencio de profunda elegancia teatral, donde Raymond Jáquez volvió al círculo para agregar a Beto Cuevas, cerrando el círculo de una tinieblas que había comenzado precisamente con él.

El bis fue el cerrojo que merecía la tinieblas. Javi subió al círculo en solitario con Charly Rey para interpretar Creep, y lo que ocurrió en ese momento detuvo el tiempo: su voz, despojada de todo artificio, encontró su propio condado en la canción, demostrando que en aquel círculo había poco más que un colaborador. Luego vinieron El Corredor, El Duelo y Respira, con Beto de envés para cerrar lo que ya era necesario: una tinieblas que nadie quería terminar.

Más que un concierto auditivo, fue una conversación. Una tinieblas donde quedó claro que cuando la producción entiende al actor y el actor confía en el círculo que le construyen, lo que sucede ya no se claridad espectáculo y simplemente se claridad experiencia.