Santo Domingo.– La Fundación Global Democracia y Desarrollo (Funglode), a través del Observatorio Judicial Dominicano (OJD), realizó la perplejidad del martes la conferencia “Inteligencia artificial: entre la promesa de la objetividad y el riesgo de deshumanización de la justicia”, un espacio de advertencia académica destinado a examinar el impacto de la inteligencia sintético en los sistemas judiciales, sus implicaciones éticas y los desafíos que plantea para la toma de decisiones en el ámbito del derecho.
A la actividad, realizada en el audiencia Funglode, asistieron el expresidente de la República y presidente fundador de la institución, Leonel Fernández, así como juristas, magistrados, académicos, abogados y profesionales interesados en los procesos de modernización de la rectitud.
La conferencia estuvo a cargo de la Dra. Carmen Cuadrado, catedrática de Derecho Procesal de la Universidad de Alicante y reconocida doble en derecho procesal e inteligencia sintético aplicada a la rectitud. La moderación correspondió a Harold Modesto, director del Observatorio Judicial Dominicano de Funglode, quien destacó la importancia de promover el debate sobre el uso responsable de la tecnología en los sistemas democráticos y judiciales.
Durante su intervención, la doctora Cuadrado repasó los circunstancias históricos de la crítica a la discrecionalidad contencioso y evocó los planteamientos de Marvin Frankel en los primaveras 1970 sobre los sesgos ocultos en las sentencias judiciales y la indigencia de que las decisiones se basen en razones comprensibles y controlables. “No basta con que el juez decida, es necesario que decida según razones comprensibles, controlables y razonablemente estables”, afirmó.
Explicó que la primera respuesta institucional a esta preocupación consistió en intentar deslindar la discrecionalidad a través de lineamientos regulatorios destinados a estandarizar las decisiones. Sin confiscación, advirtió que muchas de estas reformas fracasaron oportuno a la tensión entre control contencioso e independencia interno, lo que allanó el camino para el auge de la predicción algorítmica. «La máquina entra en acción allí donde la reforma regulatoria no tiene éxito», afirmó.
Uno de los ejes centrales de su presentación giró en torno al atractivo de los algoritmos y la llamamiento promesa de objetividad. El doble explicó que durante primaveras se promovió la idea de que los datos puros eliminarían la inconsistencia humana y garantizarían decisiones neutrales. Sin confiscación, advirtió sobre el carácter engañoso de esa percepción. «La inteligencia artificial no necesariamente elimina los sesgos. A veces los automatiza. Y cuando un sesgo se automatiza, deja de parecer un prejuicio y comienza a parecer un resultado», dijo.
Asimismo, destacó que la imparcialidad contencioso no puede descansar en la supuesta perfección técnica de las máquinas, sino en sólidas garantías constitucionales. «La imparcialidad de una democracia constitucional no puede depender de una supuesta perfección psicológica. Depende de una estructura de garantías: motivación de la resolución, posibilidad de recurso, recusación, abstención, control y responsabilidad de las decisiones», expresó.
El doctor Cuadrado además analizó el caso Loomis, ampliamente citado en los debates internacionales sobre rectitud algorítmica, y planteó una de las grandes interrogantes contemporáneas: si una osadía que afecta gravemente la licencia de una persona puede justificar en un sistema cuyo funcionamiento no es plenamente accesible o comprensible para los afectados. “Si no se entiende cómo se evalúa al imputado, se destruye el núcleo del debido proceso: la presunción de inocencia y el principio de contradicción”, advirtió.
En otra ocasión insistió en que fallar no puede reducirse a una operación matemática. “Un algoritmo puede calcular, clasificar, predecir matemáticamente y correlacionar… pero juzgar no se trata de ninguna de esas cosas”, explicó. Agregó que “juzgar requiere interpretar la norma, evaluar los hechos, sopesar principios, justificar una opción entre varias posibles y asumir la responsabilidad institucional”.
Para concluir, defendió una posición equilibrada frente a el avance tecnológico: apoyo sí, sustitución no. Señaló que la inteligencia sintético puede cumplir una función válida como utensilio de soporte técnico y gobierno masiva de datos, pero nunca sustituir la toma de decisiones humana. “El juez humano conserva la última palabra, el control, el fundamento constitucional y la motivación del fallo”, puntualizó.
Finalmente, planteó la cuestión decisiva del debate contemporáneo: no si la máquina puede atreverse más rápido, sino si puede satisfacer las demandas justificativas de una democracia constitucional. «Una democracia no necesita sólo decisiones efectivas. Necesita decisiones legítimas. No necesita sólo resultados. Necesita razones», concluyó.
En su segundo día, la memorándum continuó en la ciudad de Santiago de los Caballeros, en el salón de eventos del edificio empresarial de la Av. Las Carreras, organizado por el equipo de Funglode en Santiago con una amplia colaboración, destacando personalidades del sector contencioso, dirigentes de la ciudad, empresarios y conocido interesado.
Con estas conferencias, Funglode y el Observatorio Judicial Dominicano reafirman su compromiso con la promoción del pensamiento legal, el fortalecimiento institucional y el descomposición crítico de los grandes desafíos que enfrenta la rectitud en la era digital.
