Río de Janeiro, Brasil.– El. baloncesto internacional está de pena tras el fallecimiento de Oscar Schmidt, considerado uno de los mejores anotadores en la historia del deporte, quien murió a los 68 primaveras, según confirmó su comunidad.

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En un comunicado, sus allegados informaron que el exjugador luchó durante 15 primaveras contra un tumor cerebral “con valentía, dignidad y resiliencia”, manteniéndose como un ejemplo de determinación y bienquerencia por la vida.

Apodado “La Mano Santa”, Schmidt es ampliamente obligado como el mejor atleta que nunca disputó la NBA, a pesar de ocurrir sido seleccionado en el draft de 1984 por los New Jersey Nets. El brasileño optó por continuar su carrera en Europa y con la selección doméstico, priorizando su billete internacional.

Su herencia estadístico es impresionante: ostenta el récord histórico de puntos en los Juegos Olímpicos con 1,093 unidades y en la Copa del Mundo FIBA con 906. Además, figura entre los máximos anotadores en la historia del baloncesto profesional, solo superado por LeBron James.

Schmidt fue exaltado al Naismith Memorial Basketball Hall of Fame en 2013 y al Salón de la Fama de la FIBA en 2010, consolidando una carrera que abarcó casi tres décadas, desde su inauguración profesional a los 16 primaveras hasta su retiro a los 45.

Grandes figuras del baloncesto destacaron su talento. Larry Bird lo definió como uno de los mejores anotadores de su época, mientras que Kobe Bryant lo señaló como una de sus principales influencias en sus primaveras formativos.

Entre sus actuaciones más memorables figura el récord de 55 puntos en un partido orgulloso durante Juegos Olímpicos de Seúl 1988. También lideró a Brasil a una histórica triunfo sobre Estados Unidos en los Juegos Panamericanos de 1987, donde anotó 46 puntos en la final tras una remontada notable.

Schmidt representó a Brasil en cinco Juegos Olímpicos y cuatro Copas del Mundo, siendo por otra parte uno de los abanderados en la ceremonia inaugural de Juegos Olímpicos de Río 2016.

Considerado el mejor baloncestista brasileño de todos los tiempos, su herencia trasciende cifras y títulos, dejando una huella imborrable en la historia del deporte mundial.