Ciudad de Panamá.- Un ajuar funerario de un gran señor enterrado en una tumba de más de mil abriles de pasado en El Caño, sitio arqueológico situado en la zona central de Panamá, abre una nueva ventana que revela cómo era la sociedad prehispánica que vivió en el empleo y cómo se ejercía allí el poder político.
Este utensilio está compuesto por dos pectorales, dos brazaletes y dos orejeras, todos ellos de oro, y «están indicando el rango de la persona», porque no todos los enterrados en la Tumba 3, una de las nueve exploradas en el sitio, tienen el mismo rango, explicó este viernes a Efe la arqueóloga e investigadora hispano-panameña Julia Mayo.
“El principal o persona de mayor estatus es el que viste así, con esos ajuares funerarios”, añadió Mayo, director del plan arqueológico El Caño, que lleva casi dos décadas en avance, y presidente de la fundación homónima.
El Caño es uno de los cementerios prehispánicos más importantes de la región, asociado a las sociedades que habitaron las provincias centrales de Panamá entre los siglos VIII y XI d.C., según el Ministerio de Cultura panameño.
La tumba 3 fue identificada durante trabajos realizados en el sitio en 2009, cuando se detectó una incorporación concentración de materiales cerámicos y fragmentos metálicos.
La excavación que se está llevando a extremo ahora ha revelado ajuares funerarios y un entierro múltiple, con un personaje principal dispuesto en posición extendida y rodeado de una serie de objetos prestigiosos que demuestran su suspensión status internamente de la orden sociopolítica de su comunidad.
Las excavaciones están financiadas por el Ministerio de Cultura de Panamá y se realizan en colaboración con la Fundación El Caño.
«Estamos orgullosos de que después de tantos años de excavaciones tengamos estos hallazgos, de gran importancia, reconociendo la cosmovisión que nos comparte y que sirve para la investigación antropológica. Entonces estamos llenos de razones, de motivos para seguir adelante», dijo a Efe la ministra de Cultura, María Eugenia Herrera.
El Gobierno del presidente José Raúl Mulino “está enfocado en impulsar el Museo El Caño como un centro de investigación y educación para todos los panameños y visitantes interesados en nuestros orígenes y nuestra historia”, destaca.
Los vestigios de una “sociedad compleja”
En las tumbas donde se han enfrentado enterramientos, explica Mayo, los ajuares son similares, lo que se interpreta como que lleva el mensaje de que se comercio de un índole sabido internamente del cual existen jerarquías, ya que el entierro «demuestra que el trato que cada persona recibe dentro del cementerio es diferente».
El ajuar funerario «no nos habla de una persona concreta, sino de las creencias o dioses y emblemas heráldicos de un grupo. No hay diferencia respecto a otras tumbas que hemos excavado junto a ésta, que se encuentran a su alrededor», afirma el entendido.
Se cree entonces que estamos delante “grupos afines, de alguna manera, que dicen ser descendientes de un personaje importante en el pasado histórico de este grupo, y que se asientan en ese territorio”.
“Consideramos que con el ritual (del entierro) lo que está sucediendo en El Caño es que se está construyendo (…) la identidad de una persona que al morir y viajar al más allá actuará como intercesora o comunicadora con los seres que habitan el otro mundo”, explica el antropólogo.
Esa sociedad «basa su poder en la creencia en estas historias. Y por eso alimentan el ritual. Es decir, el poder de esta persona está en el ritual y en la convicción que tienen las personas que la rodean de que realmente merecen tener ese puesto por nacimiento», dice Mayo.
Pero, añade el entendido, el poder no se ejercía con la fuerza, sino con esa ideología, pues no se trataba de un reino ni de un Estado coercitivo, tiránico, sino de otro tipo de sociedad, lo que en antropología se conoce como cacicazgo o sociedad compleja.
