santiago.- A pocas horas de iniciar el primer concierto de Juan Luis Guerra 4.40 en el Estadio Cibao, miles de fanáticos comienzan a montar al representativo parque de béisbol para presenciar el esperado espectáculo que marca el regreso masivo del cantautor dominicano a la Ciudad Corazón, luego de más de 20 abriles sin presentaciones masivas en esta plaza.

Desde primeras horas de la tarde de este viernes se observa un flujo constante de personas en los alrededores del estadio, mientras avanzan los últimos detalles técnicos del montaje. El tablado ya está instalado y el staff trabaja en los ajustes de sonido e iluminación para un espectáculo que promete estar harto de emoción y un amplio repertorio de éxitos.

El concierto de este viernes 20 de febrero inaugura dos noches consecutivas en esta ciudad los días 20 y 21, donde la música sustituirá la rutina beisbolera en la casa de las Águilas Cibaeñas.

Según la productora del evento, se demora una presencia aproximada de 18.000 personas por indeterminación, lo que representaría cerca de 40.000 espectadores en total durante ambas presentaciones.

El espectáculo se perfila como un repaso por las canciones que han consolidado la carrera artística de Juan Luis Guerra como un referente de la música latina.

También puedes analizar: Regreso a Santiago, Juan Luis Guerra agradece a la ciudad

En medio de grandes expectativas, el sabido demora escuchar clásicos como “Bilirrubina«, «Para pedir su mano», «Burbujas de acto sexual» y «Estrellitas y duendes», entre otras canciones emblemáticas.

Según los organizadores, esta puesta en decorado tendrá medios distintivos respecto a las realizadas en otros países, adaptándose a las características del Estadio Cibao.

Se estima que el espectáculo podría durar entre una hora y 40 minutos y dos horas, dependiendo de las decisiones del comediante en decorado y posibles sorpresas, incluida la eventual décimo de integrantes históricos del peña 4:40.

Con un entorno de posibilidad creciente y largas filas en los accesos, Santiago se prepara para existir dos noches, donde el estadio no vibrará para un jonrón, sino al ritmo de merengue, holgorio y poesía musical.