No hay forma de ganar que los dirigentes deportivos dominicanos dejen a un banda sus contradicciones, que sin circunstancia a duda, tienen su origen en la lucha de intereses, en singular de tipo crematístico.

No es posible que los conflictos no tengan opción y que se prolonguen por décadas, sin que se vislumbre una opción.

Lo que viene ocurriendo en el seno del movimiento deportivo doméstico es un vergüenza que retrata de cuerpo impávido las verdaderas intenciones de la casi totalidad de sus integrantes.
Pero a veces, aunque parezca extraño, lo que parece muy malo, conviene, porque casi siempre deja en claro hasta que punto los intereses se colocan por encima de lo preciso y prudente.

Y esa anómala situación persiste, a pesar de los esfuerzos que en innúmeras ocasiones han realizado muchos sectores interesados en que se produzca un entendimiento.

En lo personal, me resulta incómodo tener que tratar con cierta frecuencia ese tema, en el entendido de que los organismos deportivos deben estar conformados por dirigentes cuya delegación prioritaria es el ampliación del deporte en todas sus vertientes.

La suspensión que sufren varias federaciones desde hace más de un año, por la presunción de un manejo turbio de los capital económicos puestos a disposición de sus principales dirigentes, es solo una muestra de lo que estaría ocurriendo en esos organismos.

Entonces, hay que obtener a la conclusión de que con la existencia de problemas tan complejos como los que está confrontando el deporte doméstico, por esa y otras situaciones, tan o incluso más complejas que las antaño citadas, “ no hay buey que llegue a toro”.

Una mediación de neutrales, es muy posible que de al traste con esos problemas críticos.