Dentro de el contexto universal de la sociedad, no importa si es capitalista, socialista o comunista, existe un núcleo asaz populoso de individuos que desconoce en todas sus partes los aportes reales que realiza el deporte en su conjunto.

Cuando se realiza una inversión en actividades deportivas, ya sea construcción, remodelación de instalaciones, o competencias, los resultados fluyen por diferentes canales, aunque a veces para muchos son imperceptibles.

Sin confiscación, el debate siempre está presente, en particular, entre los que entienden que sociedades con limitaciones en renglones básicos, como lozanía, educación y viandas, no deben realizar grandes inversiones en el deporte.

Está demostrado científicamente que un peso invertido en deportes derrama en la sociedad beneficios en todos los sentidos.

Esto lo traigo a colación porque muchos se cuestionan si vale la pena aportar, como lo hizo el gobierno esta semana, 220 millones de pesos para que los atletas inicien su preparación con miras a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2026.

Hace al punto que unos tres días el gobierno francés anunció que para las olimpiadas de París, realizadas del 26 de julio al 11 de agosto de 2024, invirtió 6 mil millones de euros, de cuyo monto en infraestructuras fueron 3,200 millones, seguida por “los costes organizativos”, con 2,770 millones, entre los que figuran 1,400 millones para dispositivos de seguridad.

Y los resultados del Banco de Francia indican que los Juegos incrementaron la bienes un 0.25 puntos de su PIB de 2024, gracias a los ingresos por boletos, derechos de difusión, el turismo (alojamientos, restaurantes y transporte) y los trabajos públicos.

Ese resultado en París, podría dejar complacido a uno y otros.