Santo Domingo.- Miles de reclusos en la República Dominicana soportan el acumulación extremo, con muchos durmiendo en pisos cerca de condiciones insalubres. Más del 60% de los 26,000 prisioneros del país se mantienen en detención preventiva sin cargos, algunos por hasta 20 primaveras. A pesar de las disposiciones legales para medidas alternativas como la fianza, rara vez se aplican. Los críticos argumentan que el sistema penitenciario sigue descuidado, y los detenidos sufren de malas afecciones de salubridad y errata de atención médica. La Victoria, la prisión más abarrotada del país, tiene más de 7,000 reclusos, superando con creces su capacidad de 2,100 intermedias. Un incendio allí el año pasado resultó en múltiples muertes, destacando los peligros de las instalaciones de daño.

El gobierno dominicano ha prometido reformas, con el presidente Luis Abinader nombrando una comisión dirigida por el ex director de prisión Roberto Santana para supervisar las mejoras. Santana, quien experimentó personalmente el encarcelamiento bajo regímenes pasados, ha pedido el vallado de La Victoria y la prisión de Azua 15 correcto a condiciones inhumanas. A pesar de las inversiones anteriores en nuevas prisiones, el mal mantenimiento ha llevado a un pérdida de condiciones. La Comisión Nacional de Derechos Humanos advierte que el sistema está al borde del colapso, citando la errata de atención médica adecuada y un acumulación extremo.

La corrupción en el interior del sistema penitenciario es otro problema importante, con informes de funcionarios que se benefician de las actividades ilícitas. Una expansión de la prisión planificada destinada a aliviar el acumulación se ha estancado correcto a retrasos relacionados con la corrupción. El gobierno tiene como objetivo construir 25 nuevas prisiones para 2028 para conservar a 20,000 reclusos, pero quedan desafíos. Muchos prisioneros continúan siendo retenidos a pesar de las órdenes judiciales para su independencia, a menudo correcto a deuda administrativos o multas gubernamentales no remuneradas. La situación subraya la carencia urgente de una reforma sistémica para defender los derechos humanos y mejorar las condiciones de la prisión.