La FIA recibió una denuncia sobre el mover del alerón punta de Mercedes-Benz en el GP de China. Con la nueva norma, las alas tienen aerodinámica activa y el flap se abre en modo recta y se cierra en las curvas. Ese movimiento de transigencia y vallado debe realizarse en un tiempo de, mayor, 400 milisegundos. En Shanghái, se vio que el exterior de Kimi Antonelli se cerraba en dos movimientos distintos, superando el frontera que apunta la norma.
Ya en Japón, el equipo con sede en Brackley presentó frente a la Federación Internacional del Automóvil un documentación detallando un problema hidráulico que sufrió el W17 del italiano y que por eso el ala tardaba más en cerrarse. Mercedes explicó que la situación, acullá de brindarle un beneficio, les generaba una desventaja porque empeoraba el consistencia y se comprometieron a solucionarlo para el inicio de la actividad en Suzuka.
George Russell recogió el mitón de la denuncia y bramó. Es que la moralidad de Mercedes está bajo cómputo constante; tanto que la FIA cambiará el sistema de medición de la relación de compresión desde el 1º de junio. Se realizará una en frío (como siempre) y otra a 130 grados para comprobar si en caliente la pelotón de potencia alemana llega a 18.1 de compresión, pasado del 16.1 que marca la regla. A eso se le sumó el alerón y el inglés estalló.
“Hemos trabajado muy duro para llegar a esta posición y el mejor equipo debería ser el ganador. Obviamente tuvimos cuatro años de lucha con todos dos equipos que en esos cuatro años dominaron y ganaron”, dijo Russell en declaraciones a Sky. Y agregó: “El hecho de que estemos de nuevo en la cima disparó que todos intentan frenarnos después de dos carreras. Tenemos una ventaja en este momento, pero porque hicimos un gran trabajo. Y esperemos que continúe”.
Consultado directamente por el alerón, Russell fue sólido: “No fue intencional y desde luego no es una ventaja. Es un problema que estamos tratando de solucionar. Cuando frenamos, el alerón todavía está abierto”.
