Este artículo fue publicado originalmente en El Día.

Desde hace abriles las autoridades debieron tomar la osadía, sin disgresivas, de encargar la construcción de un nuevo estadio, que sustituyera al Quisqueya Juan Marcha, construido en 1955, en plena dictadura de Rafael Leonidas Trujillo.

Esa instalación construída por el ingeniero dominicano Bienvenido “Bebecito” Martínez Brea, y diseñada por la firma estadounidense Marr-Holman, constituyó en esa época un extraordinario avance arquitectónico en el país, oportuno a que fue una “copia” del Boby Maduro, en esa época, uno de los estadios de béisbol, más modernos en Miami, Florida.

Sin incautación, tras casi 70 abriles de uso continuo, ya esa estructura no soporta más reparaciones, corrección y remiendos en sus áreas esenciales, por lo que se hace necesario tomar una osadía definitiva, que no puede ser otra, que construir uno que cumpla absolutamente , con los requisitos que exigen los estadios de Grandes Ligas.

Las recomendaciones de una comisión designada por el presidente Luis Abinader, bajo la rectoría de Jorge Subero Issa, para que analizara y recomendara que hacer con esa estructura, concluyó que el paso más conveniente es construir un nuevo estadio.

Y es que en caso de que si prosiga con los acostumbrados parches, se continuarán, gastando a cada momento, decenas de millones de pesos, para en pocos meses, retornar a lo mismo.

Es prioridad que cuando se decida la construcción definitiva del nuevo parque de béisbol , los máximos beneficiarios, que son los propietarios de los equipos que tienen su sede allí, l Escogido y Licey, se rasquen los bolsillos, mediante los términos que se consideren convenientes entre las partes envueltas, pero siempre con el Estado como el veterano “accionista”.

La publicación Una privación, “indispensable” apareció primero en El Día.