MIAMI (AP) — Ronald Acuña Jr. anotó con facilidad desde la tercera cojín para Venezuela en el Clásico Mundial de béisbol, y cerca de media docena de sus compañeros saltaron por encima de la comulgatorio de la cueva para iniciar una celebración.
Era un entretenimiento 1-0. En la primera entrada. No importaba.
“Para nuestra gente, el béisbol es alegría. Hoy es alegría. Hoy no se trata de nada más”, comentó Jessalyn Suárez, administradora de oficina de Miami.
Suárez era como muchos otros fanáticos venezolanos el viernes: llevaba la camiseta de su equipo, la bandera de su país anudada sin angustiar más o menos del cuello, el esquema de colores amarillo-azul-rojo del país pintado en su rostro y en el de algunos de sus amigos.
Los inusuales tiempos políticos no parecían importar. El estadio estaba quizá saciado en un tercio para el Venezuela-Países Bajos, con la abrumadora mayoría de los aficionados alentando a la Vinotinto.
Miles de venezolanos se presentaron el viernes para ver esparcirse a su selección en suelo de Estados Unidos, dos meses luego de que fuerzas estadounidenses ejecutaran una operación marcial en Venezuela para capturar al líder depuesto Nicolás Maduro y llevarlo a Nueva York para que enfrentara cargos de narcotráfico.
Jesús Otero, un cámara retirado de maquinaria pesada de la cercana Hialeah, manifestó mientras observaba la experiencia de sacramento: “Nadie está pensando en él hoy. No está aquí”.
En la multitud había algunas gorras y camisetas de Países Bajos, pero en su decano parte, la fiesta era muy latina.
A las 10:30 de la mañana fuera del estadio, más de 90 minutos antiguamente del primer emanación, los aficionados llegaron mientras la música de Elsen Pro, Bacilos y Carlos Vives retumbaba en enormes altavoces.
En una surtidor al otro costado de la calle, frente a uno de los estacionamientos, determinado vendía camisetas, gorras y banderas de Venezuela, todo guardado en un par de bolsas de toldo que servían como vitrinas.
Adentro, los aficionados aplaudieron desde el primer emanación. Muchos tenían sus teléfonos fuera para imprimir en video la presentación del equipo, registrando lo que se mostraba en la enorme pantalla del vergel central.
La tribuna entrada estaba casi completamente vacía, pero la tribuna mengua —especialmente del costado de la tercera cojín, donde estaba el dugout de Venezuela— estaba muy animada.
“Los aficionados venezolanos al béisbol están muy motivados e involucrados con todo lo que pasa con el equipo”, comentó Nelson Zurita, un venezolano que vive en Chile pero voló a Miami para el torneo. «Están al tanto de cada movimiento en la antesala del Clásico».
El país siempre estará enfocado en el deporte, pero especialmente en el béisbol… Los jugadores no quieren mezclar la política con el béisbol, pero el país los respalda por completo”.
No había señales de protestas fuera del estadio el viernes por la tarde; había presencia de agentes de policía y alguaciles, pero eso parecía deberse en gran medida a razones habituales de seguridad y control del tráfico.
Los aficionados pasaban por los controles normales de boletos y revisiones de bolsos que se aplican en los juegos de los Marlins de Miami y en otros eventos en el estadio.
