La inteligencia químico (IA) ya no es una idea emergente en el horizonte; está incrustada en la modo en que operan tanto atacantes como defensores. Desde campañas de phishing automatizadas hasta detección de amenazas impulsada por IA, el campo de batalla de la ciberseguridad ha cambiado.

Para los chief technology officers (CTO) y los chief information security officers (CISO), la pregunta ya no es si la IA transformará a sus organizaciones, sino cómo rediseñar los stacks tecnológicos y las funciones laborales para que humanos y máquinas trabajen juntos de modo efectiva.

Gonzalo García, vicepresidente de Ventas de Fortinet para Sudamérica, destaca que la IA generativa ha extenso una nueva era de oportunidades y riesgos.

Los atacantes ya tienen acercamiento a herramientas que pueden producir malware polimórfico, crear correos de spear-phishing realistas y cansar a los defensores con pandeo y velocidad.

Al mismo tiempo, los defensores pueden exprimir la IA para la detección de anomalías, la respuesta automatizada a incidentes y el descomposición predictivo.

Goldman Sachs Research estima que dos tercios de los empleos actuales están expuestos a algún nivel de automatización por IA.