SANTO DOMINGO.– El ministro de Deportes, Kelvin Cruz, reaccionó de guisa enérgica a los incidentes registrados la incertidumbre del jueves en el Estadio Olímpico Félix Sánchez, durante el partido de la Liga de Naciones de la Concacaf entre las selecciones de República Dominicana y Haití, círculo donde se produjeron momentos de tensión y daños en varios accesos al principal perímetro deportivo del país.

El conversación, que había generado una enorme expectativa y que tuvo las localidades agotadas, estuvo traumatizado antiguamente y durante su exposición por situaciones de desorden en las entradas del estadio. Reportes periodísticos describieron aglomeraciones, empujones y personas que intentaron exceder los controles de seguridad para ingresar al perímetro.

La situación llegó al punto de que una de las puertas de camino resultó derribada, mientras se producía una espantada de personas que intentaban entrar por los accesos que ya habían sido cerrados. Otros reportes todavía documentaron daños visibles en las instalaciones al día posterior del conversación.

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Para las autoridades deportivas dominicanas, lo ocurrido trasciende el resultado de un partido de fútbol y coloca sobre la mesa la menester de preservar el orden, la seguridad y el respeto a las instalaciones deportivas nacionales.

En ese contexto, Kelvin Cruz fijó una posición persuasivo y dejó claro que el uso de las instalaciones deportivas bajo responsabilidad del Ministerio de Deportes está condicionado al comportamiento y al cumplimiento de las normas establecidas.

Pero la proclamación del ministro tomó todavía maduro fuerza cuando se refirió a la petición formulada por el dirigente de la selección haitiana, quien habría planteado la posibilidad de que Haití pudiera utilizar suelo dominicano para disputar sus partidos como lugar.

La respuesta de Cruz fue directa, sin rodeos y cargada de firmeza:

“Le tengo malas noticias al dirigente de la selección haitiana: nosotros no toleramos el desorden, por lo que le negamos todo uso de instalaciones a la selección de Haití”.

La posición del funcionario establece un mensaje claro en torno al manejo de los escenarios deportivos dominicanos: las instalaciones públicas deben ser utilizadas bajo condiciones que garanticen el orden, la seguridad de los espectadores y la preservación de los riqueza del Estado.

El incidente se produjo en un partido que había despertado un interés extraordinario entre ambas aficiones. Las boletas se encontraban agotadas desde días antiguamente y más de 20 mil personas acudieron al Estadio Olímpico Félix Sánchez para presenciar el enfrentamiento correspondiente al Grupo A de la Liga A de la Liga de Naciones de la Concacaf.

Las autoridades habían establecido previamente un dispositivo particular para suministrar el ingreso. Incluso se anunció que el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte tendría camino exclusivamente peatonal, con entradas habilitadas por las avenidas 27 de Febrero, Mayor Gómez, John F. Kennedy y Ortega y Gasset.

Sin requisa, la concentración masiva de aficionados generó dificultades en varios puntos de entrada. Según los reportes publicados, cuando algunas puertas fueron cerradas se produjeron empujones y grupos de personas intentaron ingresar por la fuerza, provocando daños en uno de los accesos.

El partido, pese a los incidentes registrados, pudo desarrollarse y concluyó con una persuasivo triunfo 4-1 de Haití sobre República Dominicana. Wilson Isidor marcó dos goles para el conjunto haitiano, mientras Louicius Don Deedson y Yassin Fortuné completaron la goleada. Por la selección dominicana anotó Dorny Romero.

Pero más allá del tanteador, la atención posterior quedó concentrada en lo ocurrido aproximadamente de los accesos del estadio y en la reacción de las autoridades dominicanas.

La proclamación de Kelvin Cruz representa, en ese sentido, una respuesta institucional frente a una situación que generó preocupación entre aficionados y organizadores. Su mensaje apunta a que ningún evento deportivo debe convertirse en círculo de violencia, daños a la propiedad pública o alteraciones del orden.

El titular de Deportes todavía coloca el episodio interiormente de una discusión más amplia sobre la responsabilidad que tienen las delegaciones, dirigentes y aficionados cuando participan en actividades deportivas internacionales.

El deporte, sostuvo Cruz en su posición, debe desarrollarse interiormente de un ámbito de respeto y disciplina, especialmente cuando se utilizan instalaciones pertenecientes al Estado dominicano.

La valor anunciada por el ministro supone encima un cambio en la disposición para suministrar instalaciones deportivas nacionales a la selección haitiana, al menos mientras prevalezca la posición expresada públicamente por el funcionario.

De esta guisa, el partido que enfrentó a República Dominicana y Haití no solo dejó un resultado deportivo, sino todavía un episodio que abrió un debate sobre seguridad, comportamiento de los aficionados, protección de las instalaciones y las condiciones bajo las cuales las delegaciones extranjeras pueden utilizar los escenarios deportivos dominicanos.

La frase de Kelvin Cruz quedó como la respuesta más persuasivo desde el ámbito deportivo oficial: “Nosotros no toleramos el desorden”.

Una proclamación que coloca el orden y la protección de las instalaciones deportivas como condiciones fundamentales para cualquier actividad internacional que se celebre en región dominicano.