Mucho antaño de que comenzara a rodar el balón, Haití ya había empezado a esparcirse su partido en las gradas del Estadio Olímpico Félix Sánchez.
Desde tempranas horas, cientos de haitianos comenzaron a resistir al principal tablado deportivo de Santo Domingo para respaldar a su selección en el histórico armonía frente a República Dominicana.
No era una auxilio cualquiera. Para muchos significaba la oportunidad de ver por primera vez en abriles a la selección de su país jugando prácticamente frente a sus luceros.
Llegaron vestidos para la ocasión. Camisetas, banderas y los colores azur y rojo se mezclaban con atuendos cuidadosamente escogidos para una perplejidad que numerosos aficionados asumieron como una celebración doméstico.
La multitud mostraba asimismo la heterogeneidad de la comunidad haitiana que reside en República Dominicana: jóvenes y adultos, trabajadores, profesionales, comerciantes y familias completas coincidieron en las graderías cerca de de una misma identidad.
El animación tenía poco de refriega
Haití ha atravesado abriles particularmente difíciles y su selección de fútbol ha oportuno esparcirse allá de su condado buena parte de sus compromisos internacionales. Por eso, tenerla esta vez en Santo Domingo colocaba al equipo mucho más cerca de miles de sus compatriotas.
Algunos aficionados explicaban que habían pasado abriles desde la última ocasión en que pudieron ver personalmente esparcirse a su selección.
El partido tenía encima un ingrediente deportivo singular: seis integrantes del conjunto haitiano que participó en la Copa Mundial de 1974 formaban parte de la ocasión, conectando aquella engendramiento histórica con el presente del fútbol de su país.
Aquella fue la única décimo de Haití en una Copa Mundial absoluta y permanece como uno de los grandes hitos de su historia deportiva.
Pero esta perplejidad el fútbol ofrecía otra imagen
República Dominicana y Haití, dos países que comparten una misma isla y mantienen una relación compleja en múltiples dimensiones, se encontraban frente a frente en un tablado deportivo, mientras miles de haitianos convertían las graderías del Félix Sánchez en un espacio de celebración.
Por unas horas, la comunidad haitiana en República Dominicana tenía una cita con su bandera, sus colores y su selección.
Y había llegado temprano para no perdérsela.
