Santo Domingo. -Hay instituciones que se miden por los trofeos que exhiben en sus vitrinas. Otras, por la cantidad de personas que han pasado por sus instalaciones. Y existen algunas, como el Club Mauricio Báez, que deben ser medidas por poco mucho más profundo: por la cantidad de vidas que han contribuido a transfigurar.
Este miércoles, los mauricianos volvieron a reunirse en su tradicional desayuno aniversario para celebrar los 63 abriles de una institución nacida el 9 de septiembre de 1963 en el corazón de Villa Juana. Pero más que conmemorar una vencimiento, la ocasión representó una oportunidad para mirar alrededor de antes y valorar una de las experiencias comunitarias más extraordinarias que ha producido el deporte dominicano.
Porque conversar del Mauricio Báez exclusivamente como un club de baloncesto sería someter considerablemente la dimensión de su obra.

Mauricio Báez es deporte, pero todavía es educación, sanidad, civilización, formación humana y solidaridad.
Su decano campeonato no necesariamente está en sus numerosos títulos de baloncesto superior del Distrito Nacional. Está en acaecer conseguido que generaciones de niños y jóvenes de Villa Juana encontraran adentro de sus instalaciones una alternativa para estudiar, practicar deportes, desarrollar una disciplina artística, tomar atención médica o, sencillamente, encontrar un espacio donde sentirse parte de una comunidad.
Ese probablemente sea el decano representante de una institución que ha entendido, desde hace décadas, que el deporte puede ser una extraordinaria utensilio de transformación social.

El deporte como puerta de entrada
Naturalmente, el baloncesto es una parte fundamental de la identidad mauriciana. El club se ha convertido en una de las organizaciones deportivas más exitosas y respetadas del país, con una cantera que ha formado jugadores en distintas categorías y una presencia histórica en el baloncesto superior capitaleño. También ha desarrollado disciplinas como balonvolea y taekwondo.
Pero el gran mérito ha sido utilizar el deporte como puerta de entrada alrededor de poco mucho más amplio.

El pibe que llega a la cancha encuentra la posibilidad de convertirse en atleta, pero todavía la oportunidad de tomar educación, orientación y formación en títulos. De ahí que el efectivo plan mauriciano no termine cuando finaliza un partido.
Ese concepto ha permitido que el club se convierta en una especie de extensión de la propia comunidad.
La educación como columna vertebral
Quizás una de las expresiones más extraordinarias de esa filosofía sea su compromiso con la educación.

La Escuela Club Mauricio Báez comenzó sus labores el 15 de septiembre de 1969, en condiciones muy humildes: una espesura, suelo de tierra, tablas de madera y casi nada seis profesoras honoríficas para atender a unos 300 alumnos. Con el paso del tiempo aquella iniciativa evolucionó hasta convertirse en una estructura educativa mucho más amplia.
Hoy, el conglomerado mauriciano incluye escuela, pensionado, biblioteca y programas de formación, convirtiendo al club en una institución que acompaña al pipiolo no solamente durante sus horas de entrenamiento, sino todavía durante buena parte de su proceso de formación académica.
Y eso explica buena parte de su permanencia.
Los clubes deportivos pueden desaparecer cuando dejan de percibir campeonatos. Las instituciones educativas y comunitarias, en cambio, permanecen mientras sigan siendo bártulos para su muchedumbre. El Mauricio Báez ha conseguido ambas cosas.
Salud y colaboración social
Otro tipo que distingue al Mauricio Báez es su compromiso con la sanidad.
Lo que comenzó como un modesto dispensario médico fue creciendo con el tiempo hasta incorporar servicios de atención a los residentes de Villa Juana y sectores cercanos. También se han desarrollado servicios odontológicos y otros programas de colaboración. Actualmente, la institución trabaja encima en el fortalecimiento de su infraestructura de atención primaria.
Es afirmar, la relación del Mauricio Báez con Villa Juana no termina en la cancha ni en el cátedra.
Está todavía en la sanidad de sus habitantes.
Ese carácter integral explica por qué distintas personalidades del país han obligado públicamente que la institución trasciende ampliamente lo deportivo. En mayo pasado, durante una invitado al enredado, el presidente ejecutor de Banreservas, Leonardo Aguilera, destacó precisamente la combinación de fundación, escuela, pensionado, centro médico, áreas deportivas y culturales como uno de los grandes títulos de la entidad.
Cultura y sentido de comunidad
La civilización constituye otra de las columnas del plan.
La Fundación Mauricio Báez ha impulsado actividades de pintura, danza, teatro, música, idiomas y otras expresiones artísticas. También cuenta con biblioteca y espacios destinados al progreso cultural.
Eso tiene un significado enorme en una comunidad popular.
Porque formar a un muchacho no significa exclusivamente enseñarle a encestar una pelota o aprobar una asignatura. También significa abrirle la posibilidad de descubrir que puede pintar, zapatear, representar, tocar un herramienta, instruirse otro idioma o desarrollar cualquier otra capacidad.
En ese sentido, el Mauricio Báez ha funcionado durante seis décadas como una verdadera taller de oportunidades.
El club como patrimonio de Villa Juana
Quizás por eso resulta difícil separar al Mauricio Báez de Villa Juana.
Son dos nombres que, con el paso del tiempo, prácticamente se han convertido en sinónimos.
El club nació en la barrio, creció con ella y ha acompañado sus transformaciones. Sus instalaciones han servido como punto de concurrencia, espacio deportivo, centro educativo, círculo cultural y circunscripción de colaboración comunitaria.
No es casual que autoridades deportivas hayan definido al Mauricio Báez como un maniquí de éxito entre los clubes deportivos del país y hayan resaltado específicamente sus aportes en educación, deporte, sanidad, civilización y trabajo comunitario.
Ese es, quizás, el efectivo significado de sus 63 abriles.
El decano triunfo del Mauricio Báez no está en una copa ni en una medalla. Está en acaecer convertido una cancha en una escuela, una escuela en una comunidad y una comunidad en una tribu.
Villa Juana ha tenido en el Mauricio Báez poco más que un club.
Ha tenido una institución que ha estado presente durante generaciones y que ha demostrado que el deporte puede ser el principio de una transformación mucho decano.
Este miércoles, cuando los mauricianos levanten sus copas y compartan el tradicional desayuno, estarán celebrando 63 abriles de historia. Pero, sobre todo, estarán celebrando 63 abriles de servicio.
Y en una sociedad donde tantas instituciones nacen y desaparecen con el tiempo, permanecer durante seis décadas, manteniendo vivo un plan que combina deporte, educación, sanidad, civilización y solidaridad, constituye por sí mismo un campeonato de dimensiones extraordinarias.
Mauricio Báez cumple 63 abriles. Villa Juana, en buena medida, todavía celebra 63 abriles de acaecer enemigo en el deporte una de sus mejores herramientas para construir comunidad.
