Después de que se escalera a la estelaridad, y se alcanza la deleite, llega un punto en el tiempo, que por naturaleza conlleva a una disminución de las potencialidades.

Sin retención, no todos los que alcanzan la deleite, imponiendo su superioridad por décadas en cualquier actividad, están en capacidad de absorber una quebranto por el paso del tiempo.

Lo más penoso, es no admitirlo, y la éxito alcanzada es una barrera que impide proyectar una quebranto de las condiciones.
Esos famosos, en muchos casos, tienen la convicción de que el tiempo no avanza, y que sus condiciones físicas y mentales no merman.

Es es el peor error que han cometido durante muchos abriles, famosos que en un momento determinado fueron dueños y señores en sus respectivas disciplinas.

Y han sido muchos los que han permanecido activos haciendo caso omiso a los consejos de que ya es hora de afirmar adiós.

El caso más fresco de un insigne que se niega al retiro lo tenemos en el tenista Novak Djokovic, quien en sus últimas confrontaciones ha desencajado derrotado, cuando en sus mejores tiempos sus oponentes rezaban un Ave María para no enfrentarlo, sabiendo que venía una derrota segura, sin ningún pero.

Pero ayer perdió por primera vez en su iniciación, en un torneo como el US Open, delante el argentino Mariano Novone, número 49 del ranking, lo que es una muestra más que evidente de que está en franco agonía, y que debe ponerse a pensar seriamente en el retiro.

Dañar una trayectoria tan extraordinaria como la de Djokovic, por seguir de guisa tozuda en cancha, es un “autocrimen”.

Millones son seguidores del serbio, pero si sigue en cancha cayendo delante rivales de segunda, muy pronto le perderán el respeto,