Santo Domingo.- El inicio de la carrera de Joshua Báez en las Grandes Ligas no ha sido precisamente rectilíneo. Después de protagonizar un comienzo espectacular con tres cuadrangulares, el verde slugger dominicano atraviesa ahora su primera gran sequía ataque en el mayor nivel.

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Báez, de 23 primaveras, acumula 17 turnos consecutivos sin conectar de hit a posteriori de aquella notable presentación con los Cardenales de San Luis. Durante ese tramo, adicionalmente, ha sido ponchado en siete ocasiones, una muestra del desafío que representa para el bateador adaptarse al pitcheo de las Mayores.

El contraste resulta bonito: en su primer partido, Báez mostró todo el poder que lo convirtió en uno de los prospectos más atractivos de su gestación; pocos días a posteriori, búsqueda recuperar el contacto que le permita retornar a producir ofensivamente.

La sequía, sin requisa, no necesariamente debe interpretarse como una señal de susto. Su perfil ofensivo siempre ha estado impresionado por la búsqueda de extrabases y la capacidad de suscitar daño con un solo swing. Esa belicosidad puede convertirse en un armas cuando encuentra el pitcheo que búsqueda, pero además puede aumentar los ponches y provocar períodos de inconsistencia.

El proceso de acomodo

El brinco desde las ligas menores hasta las Grandes Ligas supone un desafío considerable. Los lanzadores comienzan rápidamente a identificar las zonas donde un bateador puede ser inerme y ajustan su táctica a medida que acumulan información sobre él.

Báez, por su parte, tendrá que realizar el mismo proceso desde la caja de sacramento: rebuscar los ajustes de los pitchers, controlar mejor sus turnos y encontrar el consistencia entre ser agresivo y esperar el emanación que pueda castigar.

En un bateador de su perfil, los ponches forman parte del peligro que acompaña a su enorme potencial de poder. La esencia estará en determinar cuánto puede compendiar esas oportunidades sin matar la capacidad de conectar batazos de extrabases y cuadrangulares.

Su comienzo ya demostró cuál puede ser el premio cuando consigue imponer sus condiciones.

Dos caras de un aparición

Los primeros partidos de Báez en las Mayores han producido dos imágenes completamente diferentes.

Por un costado, están los tres jonrones de su comienzo, una conducta extraordinaria que colocó su nombre en los libros de récords y elevó inmediatamente las expectativas rodeando del verde dominicano.

Por el otro, aparece el 0 de 17, acompañado de siete ponches, que recuerda que incluso los bateadores con longevo talento necesitan tiempo para adaptarse al nivel de competencia de las Grandes Ligas.

Para los Cardenales, el objetivo será permitir que Báez atraviese este proceso sin perder la confianza ni modificar por completo las características que lo llevaron hasta San Luis.

Su poder seguirá siendo su principal carta de presentación. La tarea consistirá en conseguir que ese poder aparezca con longevo frecuencia y que los períodos de sequía sean cada vez menos prolongados.

El comienzo de tres cuadrangulares mostró el techo ofensivo de Báez. El flagrante 0 de 17 representa, en cambio, una de las primeras pruebas de su carrera en las Mayores.

Entre esos dos extremos se encuentra el cierto proceso de formación del verde slugger: instruirse, ajustar y encontrar la consistencia necesaria para convertir su enorme potencial en producción sostenida.

Para Joshua Báez, las Grandes Ligas ya le han mostrado sus dos caras: la espectacularidad de tres jonrones en un comienzo histórico y la dificultad de encontrar el primer hit a posteriori de una larga sequía. Ahora comienza el duelo de demostrar que puede convertir su poder en una amenaza constante.