Durante más de una lapso, cuando los Guardians necesitaban un momento esencial, recurrían a José Ramírez. Él es el motor que impulsa a este equipo: un habitual del Juego de las Estrellas, vencedor del Bate de Plata y uno de los jugadores más dinámicos y resistentes del béisbol.

El equipo de los Guardians se sostiene sobre sus hombros. Todo el mundo lo sabe.

Eso es lo que hace que la situación presente resulte tan incómoda, tan difícil de tocar y, a la vez, tan importante de afrontar.

La viejo preocupación viaje en torno a José Ramírez, quien contenedor para .214 —sin jonrones ni extrabases y con cuatro carreras impulsadas— desde su regreso de la letanía de lesionados; esto genera dudas sobre si su mano, intervenida quirúrgicamente, está lo suficientemente recuperada para ayudar a Cleveland en su lucha, cada vez más cuesta en lo alto, por alcanzar la postemporada.

Ramírez la semana pasada se perdió dos juegos consecutivos, oportuno a una inflamación en la muñeca izquierda.

Cuando Ramírez regresó tras someterse a una cirugía en el hueso ganchoso de la mano izquierda el mes pasado, el dirigente Stephen Vogt señaló que los Guardians serían cautelosos respecto a cuánto y cuándo jugaría el pelotero de 33 primaveras.

Lo ocurrido en los últimos días es coherente con ese enfoque, y la situación de Ramírez se evalúa día a día.

Ramírez no realizó una asignación de rehabilitación antiguamente de salir de la letanía de lesionados el 22 de julio. Regresó cinco semanas y un día posteriormente de su cirugía del 16 de junio, para la cual se había estimado un plazo de recuperación de cinco a siete semanas. Los Guardianes siguieron las indicaciones de Ramírez durante su proceso de recuperación; a estas gloria de su carrera, él conoce adecuadamente su cuerpo. Cuando sintió que estaba pronto para divertirse, lo hizo.