Melodrama destaca por sus temas socialmente actuales y atrevidos, su cuidada y pictórica fotografía, su quehacer estético, su impecable manejo técnico y su profundo coraje autoral.
Por: José Rafael Sosa
SANTO DOMINGO. — Más allá de sus innegables virtudes estéticas, el triunfo de Melodrama reside en lo que simboliza para el presente y futuro de nuestra industria. Esta película es el refleja vivo de un aberración irreversible: el impacto y la creciente calidad del cine dominicano de la mano de una brillante procreación de jóvenes directores.
Antes de su presentación, en un gimnasia de periodismo cinematográfico predictivo, afirmamos que Melodrama sería la capulina de la cartelera del VI Festival de Cine de Bellas Artes
Hecho en RD. Luego indicamos que no dejaría indiferente a nadie por su temática, destacando la osadía y el aventura que tomó su novicio director, Andrés Farías.

Se negociación de un cine de autor que se aleja por completo de las fórmulas comerciales habituales. Esta propuesta mezcla la intimidad emocional con el discurso político a través del prisma de la migración. Melodrama representa un nuevo paso cualitativo en la filmografía de Andrés Farías: una obra menos cercana al “noir tropical” de Candela y más centrada en el exageración social y humano, construyendo una observación crítica sobre las fronteras raciales y culturales de la sociedad dominicana contemporánea.
Antes de su proyección, habíamos escrito: «…hay películas, películas trascendentes, películas fundamentales y… Melodrama, de Andrés Farías, hace oportuno destacar una de esas producciones dominicanas llamadas a destacar. Es cuando el arte hace posible lo que la realidad dificulta».
Farías, que ya nos había mostrado su penetrante observación sobre el drama social con tintes de realismo mágico en Candela -basada en la novelística de Rey Andújar, cuya calidad revalorizó el cine doméstico al probar en la letras criolla- había reses previamente el Premio del Festival de Bellas Artes con su cortometraje Tiznao (2023).
Las actuaciones: rigor y fascinación en pantalla
Mercedes Morales (Sonia): Interpreta a una viuda maduro que intenta rehacer su vida emocional. Como protagonista, Morales afirma que estamos delante una producción con un profundo mensaje humano y social, convirtiéndose en el plato cachas de la cartelera del festival. Su expresión facial en silencio transmite una inmensidad de emociones, posicionándola como una maestra de la gestualidad actoral.
Jimmy Jean-Louis (Aimé): El corrido actor haitiano llena la pantalla con una personalidad imponente y un manejo atractivo de sus discursos, precisos, breves y muy poéticos.
Sarah Jorge León (Miriam): Interpreta a la hija maduro de Sonia, quien desea proceder de guisa imponente como el control honrado y social de su causa.
Adriana Zayas (Maia): Una novicio actriz que sorprende gratamente por su interpretación orgánica y la prudencia con la que desarrolla sus líneas.
Cyndie Lundy: A quien recordamos por su inolvidable y extraordinario protagonismo en Perejil, de José María Cabral, nos ofrece aquí una interpretación completamente diferente, sobria y perfectamente ajustada a un guion que la redibuja desde muy diversos matices.
Con una producción que destaca el cuidado milimétrico en fotografía, dirección de arte y diseño de sonido, Melodrama es un paso firme y convincente para la cinematografía restringido.
Andrés Farías demuestra que el cine restringido ha madurado lo suficiente como para desprenderse de los complejos comerciales del pasado, asumiendo riesgos formales y discursivos con una observación autoral madura, robusto y profundamente comprometida.
El cine de República Dominicana ya no sólo investigación entretener con esquemas fáciles y comerciales; Hoy, gracias a este vigoroso licenciatura generacional, piensa en sí mismo, cuestiona su existencia y se posiciona con orgullo en el planisferio del séptimo arte internacional.
Calificación: 4,5/5 estrellas.
