Es innegable que el sistema de retos automatizados para detectar bolas y strikes (ABS) al parecer llegó para quedarse en las Grandes Ligas.

Sin incautación, esas detenciones en los partidos dejan un amargo sabor, mucho más porque en la mayoría de los casos queda mal el actor más odiado del espectáculo, que es siempre el árbitro del plato, que se equivoca más por la frecuencia de cantar los strikes y las bolas.

El ABS es un sistema que trae honradez, haciendo el evento más preciso, porque corrige los errores de los árbitros humanos, que en muchos casos son horrorosos, ya que dejan al descubierto las llamadas de pitcheos strikes, estando a distancia que dejan boquiabiertos a los amantes del esparcimiento. Existe un vídeo muy divertido, en el que los dirigentes Kevin Cash, de Tampa, y John Schneider, de Toronto, sonrieron juntos por una defecto arbitral compartida en pleno esparcimiento.

Los datos de principios de 2026 muestran que el 47 % de los desafíos ABS han sido iniciados por los jugadores y el 53% por los bateadores. El 61 % retos iniciados por los fildeadores resultaron en una osadía revertida.

Durante las tres primeras semanas de la temporada 2026, el 55% de las casi 1,000 decisiones arbitrales impugnadas fueron revocadas. El sistema ha mantenido una tasa de éxito de aproximadamente el 54%, lo que significa que los jugadores suelen tener razón en la mayoría de las veces al impugnar una osadía arbitral.

En un solo partido, al árbitro C.B. Bucknor le revocaron seis lanzamientos mediante el sistema ABS.
Hasta ahora, el atleta con longevo éxito solicitando el desafío es Pete Alonso, de Baltimore, quien va valentísimo de 5-0. Le sigue el dominicano Teóscar Hernández, de los Dodgers, con 4-0.
Como era de esperarse, las primeras evaluaciones revelan la gran deficiencia arbitral. En lo delante, la longevo asunto estará en memorizar si las Grandes Ligas estudia la posibilidad de necesitar exclusivamente del árbitro androide.