Argentina.- El sol de la mañana entra por una de las ventanas de la pequeña casa ubicada en el extrarradio de Flores, en la ciudad de Buenos Aires.
Un televisor encendido que nadie mira ni audición, una computadora, el canto venidero de los pájaros y, para complementar la escenografía, están ellos.
Un mate servido -casi infaltable en el folclore argentino-, una amplia sonrisa en entreambos y la prosperidad que inunda la pequeña y sencilla habitación. No es para menos. A los 45, cuando muchos deportistas ya se consideran jubilados, Soledad Matthysse acaba de arribar de los Estados Unidos como flamante campeona mundial interina superligero (63,500 kg) de la Asociación Mundial de Boxeo. Mario Omar Narváez, “Mauko”, no es solamente su preparador principal: es asimismo su marido, son padres de tres hijas y abuelos de dos nietos y una nieta en camino.
En la fría indeterminación del 22 de febrero en la ciudad de Detroit, Soledad -conocida como “La Itaka”- le ganó por dejación en la octava revés a Samantha Worthington, y logró la corona mundial en una indeterminación que quedará para siempre en su memoria.
