Ousmane Dembélé ha rematado poco que parecía ficticio en el París Saint-Germain- Robarle el centro de los focos a su monitor, Luis Enrique, en vísperas de que el club busque un puesto en los cuartos de final de la Liga de Campeones contra el Mónaco.
El posterior campeón del Balón de Oro firma una temporada irregular, marcada por las lesiones y por la desatiendo de continuidad, que han pesado en los resultados del equipo, que suma ya seis derrotas, tres de ellas desde el pasado 12 de enero y que, por segundo año consecutivo, se ve obligado a ocurrir por la repesca para proseguir la defensa de su título de campeón de Europa. Pero cuando parecía que el exjugador del Barcelona recuperaba su mejor interpretación, marcada por un extraordinario gol contra el Marsella el pasado 8 de febrero, el futbolista creó una enorme polémica este viernes que puede costarle un castigo.
Al término del partido en el que su equipo cayó contra el Rennes, el ludópata acusó en la televisión oficial a sus compañeros de exceso de individualismo- “Debemos pensar en el club antaño que en nosotros mismos».
Palabras que no gustaron a Luis Enrique, que en sala de prensa consideró que solo él tiene capacidad de dictaminar el comportamiento del equipo- “Ningún jugador es más importante que el club”, dijo el técnico, en gachupin, la germanía que usa cuando quiere expedir un mensaje convincente. Los servicios de comunicación del PSG se obstinaron en quitar importancia a las palabras de Dembélé, pero a esta hora nadie sabe qué consecuencias tendrán. ¿Castigo?
La temporada pasada, cuestionar la autoridad de Luis Enrique costó al atacante francés quedarse fuera de la convocatoria para un partido de Liga de Campeones contra el Arsenal, un castigo que provocó que el futbolista se centrara en su grupo y firmara el mejor curso de su carrera. Parece difícil que ahora el técnico gachupin vaya tan allá en un momento esencia de la temporada y cuando el equipo necesita más que nunca que Dembélé recupere su mejor interpretación.
“El PSG está de vuelta”, clamó el ludópata tras la trofeo contra el Marsella, pero el optimismo cayó tras la derrota frente al Rennes. Luis Enrique, que se apoya en el mismo bosquejo que le llevó a conquistar la primera Liga de Campeones del club, reconoce que en los próximos meses el equipo deberá encontrar el hilo de los resultados. Para ello, Luis Enrique precisa de todas sus piezas, pues tras aventajar la competición ha apostado por no cambiar demasiadas piezas a su máquina.
Dos fichajes, el cancerbero francés Lucas Chevalier y el defensa ucraniano Zabarnyi, tan pronto como han aportado un cambio estético al equipo. El primero llegó para ser el cancerbero de los próximos primaveras, pero parece acaecer perdido la confianza del monitor y el segundo, destinado a introducir competencia en la trasera, no ofrece seguridad y sus apariciones son escasas. La postura de Luis Enrique pasa por convertirse en el primer equipo que renueva el título de la Liga de Campeones desde el triplete del Real Madrid de Zinedine Zidane entre 2016 y 2018.
El técnico francés lo logró entonces con un equipo casi idéntico de un año para otro. El aludido en hacerlo fue el Milan de Arrigo Sacchi, que se impuso en la final de 1990 delante el Benfica con diez de los merienda jugadores que el año aludido habían encaramado el trofeo contra el Steaua de Bucarest.
Una postura que necesita tener a todo un equipo conectado en el objetivo europeo, pero sobre todo que precisa que su estandarte recupere la mejor interpretación. Lejos de polémicas. E
