El llamado vapor vaginal, todavía conocido como vapor vaginal o vapor yoni, es una destreza alternativa que consiste en exponer la zona órganos sexuales externa a vapor caliente, generalmente con hierbas, en la creencia de que ayuda a “limpiar” la vagina, equilibrar las hormonas o tratar afecciones ginecológicas. Sin bloqueo, no existe evidencia científica que respalde estos supuestos beneficios.

Como han experto instituciones médicas como la Clínica Cleveland, la Escuela de Medicina de Harvard y especialistas afiliados al Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG). Estas entidades coinciden en que el vapor no puede lograr al matriz ni depurar el interior de la vagina, ya que este entraña tiene un mecanismo natural de autolimpieza y un firmeza bacteriano propio que no requiere de intervenciones externas.

Por el contrario, los expertos advierten de que esta destreza puede conllevar riesgos para la sanidad, entre ellos quemaduras en la piel de la vulva, irritaciones, alteraciones del pH vaginal y desequilibrios en la microbiota, que pueden aumentar la probabilidad de infecciones como candidiasis o vaginosis. También se ha observado que el uso de hierbas o productos no estériles puede provocar reacciones adversas. En el caso de las mujeres embarazadas, los especialistas destacan que no existen estudios que demuestren que los vapores vaginales sean seguros durante el preñez, por lo que no son recomendables.

Fuentes médicas oficiales reiteran que una adecuada higiene íntima no incluye vapor, duchas vaginales ni productos “detox”, y que el cuidado de la zona órganos sexuales debe remitirse a lavados externos con agua y, de ser necesario, tratamientos indicados por profesionales de la sanidad. En conclusión, el vapor vaginal no tiene respaldo comprobado y puede hacer más daño que perfectamente, según el consenso de la comunidad médica.