Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Siempre se ha sostenido, y es una efectividad incuestionable, que uno o quizá el peor de los problemas más popular que históricamente ha confrontado el país, es la desidia de planificación para darle el adecuado mantenimiento a obras de importancia que incidan en la mejoría de todos.
Esa y no otra, es la razón por la que muchos proyectos de envergadura, posteriormente de iniciados, se paralizan, o ya concluidos, se descuidan de tal forma, de que al poco tiempo, para hay que trastornar en ellos, cifras estratosféricas.
Esa es la efectividad que se ha venido imponiendo durante décadas, sin que, a pesar de las innumerables promesas, se haya hecho efectividad.
Uno de esos casos lo vivimos a diario en los diferentes complejos deportivos del país, en distinto, aquellos que han sido sede de Juegos Nacionales, e incluso de Centroamericanos y del Caribe.
De Juegos Nacionales, para constatar el destrucción de decenas de instalaciones de primera, hay que examinar Barahona, San Pedro de Macorís, La Romana, Valverde y San Juan, entre otras.
Relativo a Juegos Centroamericanos y del Caribe, el mejor ejemplo de descuido y desidia de planificación, está centrado en el enredado de La Barranquita en Santiago, sede de la XV interpretación en 1986.
Ayer en un colisión en Santo Domingo, el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, tras ser abordado al respecto, aseguró que hará todo lo que esté a su capacidad para mejorar sustancialmente las condiciones de ese enredado, el que está prácticamente sucio, a pesar de las elevadas inversiones que se le han realizado.
Ojalá que se cumpla, no solo con La Barranquita, si no, con los demás complejos que están diseminados por todo el país, para que obras, de mucha importancia para sus comunidades, sean integradas para adecuadamente del deporte en común.
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