Los Mets de 2007 siguen siendo el maniquí de oro para los colapsos de septiembre. Perder una superioridad de siete juegos con siete por poner sigue siendo una de las caídas más improbables estadísticamente en la historia de MLB.
Los jugadores de ese equipo están marcados para siempre por lo que sucedió en la recta final.
Los Mets de 2025 no son eso. Su derrumbe ha sido más flemático, más constante, más manejable de ver durar. Su derrota de 3-2 frente a los Nacionales, últimos en la tabla, puso de nuevo en peligro su posición en el Comodín de la Liga Nacional a posteriori de que los Rojos vencieran a los Cachorros.
Al final del encaje en el Citi Field, los Mets ya no tenían el control de su propio destino. Es un destino que los ha estado persiguiendo desde mediados de junio.
La derrota del domingo siguió una fórmula abierto: Nueva York se quedó debajo temprano correcto a una costura de un abridor que no estuvo a la cúspide, esta vez de Sean Manaea.
Nasim Núñez conectó un jonrón de dos carreras y, aunque los Mets se recuperaron con un sencillo productor de Cedric Mullins y un jonrón solitario del puertorriqueño Francisco Lindor, no pudieron anotar una tercera carrera. Como resultado, perdieron por 11ma vez en sus últimos 15 juegos.
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Los Rojos (80-76) vencieron a los Cachorros por 1-0 para igualar a los Mets en la clasificación del Comodín, a pesar de que además han jugado béisbol por debajo de .500 desde el principio de agosto. No ha importado, ya que Nueva York, que alguna vez estuvo 21 juegos por encima de .500, ahora está solo cuatro juegos por encima de dicha marca.
Cincinnati tiene un desempate crucial en el enfrentamiento particular con los Mets, lo que significa que si esos equipos terminan con el mismo récord, los Rojos irán a los playoffs mientras que Nueva York se irá a casa.
