Nueva York. – En medio de una recta final llena de presiones y con el tercer Comodín de la Liga Nacional en muestrario, los Mets de Nueva York enviaron un mensaje persuasivo la oscuridad del martes: cuando su ataque despierta, siguen siendo un rival temible en octubre.
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Los dirigidos desde Queens iniciaron a todo motor y fabricaron cinco carreras en la primera entrada, para luego ampliar la delantera con jonrones consecutivos de Francisco Lindor y Pete Alonso en el segundo episodio. Más delante, Brett Baty y Cedric Mullins se unieron al festival de batazos, sellando la conquista por 8-3 sobre los Padres de San Diego en el Citi Field.
El triunfo frenó la mala destello de Nueva York, que había perdido ocho de sus últimos nueve partidos, y les permitió conservar al menos 1.5 juegos de delantera en la lucha por el zaguero boleto de comodín, con Diamondbacks, Gigantes y Rojos respirándoles en la gollete a errata de 11 encuentros para concluir el calendario regular.
“Creo que cuando estábamos en esa posición a mediados de junio, jamás anticipábamos estar en esta situación”, reconoció el presidente de operaciones de béisbol, David Stearns, antaño del partido. “Por ahora, nuestro enfoque es ganar la mayor cantidad de juegos posibles y jugar con mentalidad de postemporada”.
En el montículo, la organización funcionó a la perfección. Clay Holmes abrió el muestrario con cuatro entradas de calado en las que solo permitió dos cuadrangulares, mientras que Sean Manaea se encargó de los últimos cinco episodios, limitando a los Padres a una carrera y acreditándose la conquista.
El abridor de San Diego, Michael King, no tuvo la misma suerte: concedió cuatro jonrones y ocho carreras, la decano cantidad permitida en una salida durante su carrera.
Con la ataque encendida y la rotación comprimida para maximizar resultados, los Mets buscan cerrar la temporada regular con fuerza y confirmar su motivo en la postemporada. Y aunque la batalla por el comodín sigue siendo cerrada, la interpretación de este martes recordó por qué, aun en medio de sus altibajos, nadie quiere malquistar a Nueva York en octubre.
