Redacción.- El Reggaeton ha repaso un prolongado camino desde que comenzó a escuchar en las calles de Puerto Rico y Nueva York a fines de los 90. Daddy Yankee, Don Omar, Tego Calderón o Ivy Queen no solo marcaron una procreación: hoy son parte de una memoria colectiva que trasciende la música y se establece en el cultura popular.

En la República Dominicana, ese Legacy encuentra un marco único: Rockstar Social Club, en Baní, bajo la dirección de Albert Peguero González, se presenta como la primera disco en el país dedicada exclusivamente al Reggaeton de la vieja escuela.

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El concepto rompe con la corriente dominante donde la trampa, el Dembow y el Reggaeton original toman la prominencia para devolver el repertorio que muchos consideran la «edad de oro» del categoría. Además, el circunstancia incorpora arte en sus espacios y una pista de zapateo liberada de los molestos muebles de la discoteca convencional, recuperando así el corazón de la fiesta: la danza y la interacción entre los asistentes.

Pero Rockstar Social Club va más allá de la nostalgia. Cada reunión se convierte en un «viaje en el tiempo» que conecta saludos, identidad y civilización urbana, destacando cómo el reggaeton clásico era mucho más que la música: fue un movimiento que marcó generaciones en toda América Latina.

Desde su tolerancia, el club ha despertado la curiosidad y la afecto. Los visitantes llegan de diferentes provincias para habitar la experiencia, mientras que en las redes sociales el impacto refleja la búsqueda de una audiencia por diferentes propuestas en el interior de la vida nocturna dominicana, donde la civilización urbana continúa expandiendo su influencia.

Entonces, no es solo una discoteca: es un espacio cultural que revive una época, conserva un estilo y propone un diálogo resonante entre la música de ayer y hoy.