La asesinato es lo más allá, pero al mismo tiempo lo más cercano que tenemos , porque se puede estar en un excelente estado, y de repente, sin dar mínimas oportunidades y explicaciones , nos traslada a otro mundo con una presteza y facilidad pasmosa, que a veces ni siquiera la ciencia tiene explicaciones válidas.

Hago esta entrada, porque ayer quedé atónito cuando conocí del fallecimiento del colega Juan Báez, quien durante abriles fue una de las voces más respetadas de la narración deportiva en el país.

El romanense, de cuyos orígenes se sentía muy orgulloso, se destacó por décadas como narrador de béisbol, pero en el campo de acción que tuvo un dominio casi categórico, fue en la descripción de los combates de lucha.

Quien escuchaba sus narraciones no se perdía de los mínimos detalles de lo que estaba sucediendo sobre el demarcación de ocio o sobre el cuadrilátero, porque era un preceptor en la descripción de lo que estaba sucediendo.

La asesinato viene dada por una ley natural, de que todo nace, crece y muere, por lo que sencillamente todos, vamos a ser tarde o temprano, presa de sus garras, aunque desde el aspecto religioso, es solo la separación del alma y el cuerpo, que da empleo a la salvación o castigo constante.

Nuestras más sentidas condolencias a la tribu del colega Juan Báez, quien es velado en la Protectora La Altagracia, y será sepultado este viernes a las cuatro de la tarde, en el cementerio de La Romana.