Jennifer Ventura, Miss Dominican Republic Universe 2025, quien enfrentó críticas del ex ministro de mujeres, Janet Camilo. (Foto: fuente externa)

Santo Domingo.- Janet Camilo, ex Ministra de Asuntos de la Mujer, desató un ataque sabido abrasador contra la recientemente coronada Miss República Dominicana Universo 2025, declarando en la radiodifusión en vivo que los organizadores «eligieron a un grupo de las niñas más feas del país». El comentario aterrizó como una granada en CDN Marcando el RUMBO y provocó indignación inmediata en las redes sociales y los círculos profesionales.

Camilo calificó la selección de «decepcionante» e insistió en que «ni siquiera el ganador puede considerarse un verdadero representante del país». Ella cuestionó la dependencia de los concursantes de maquillaje pesado e implicaba que sin esos cosméticos se verían «muy diferentes». También criticó las directiva de los concursantes y sugirió que muchos no cumplen con el perfil que históricamente tiene éxito en la etapa de Miss Universo. El ex ministro instó a la directora del concurso Magalis Febles y a su equipo a revisar urgentemente los criterios de selección: «Lo que presentamos internacionalmente debería hacernos sentir orgullosos como nación», dijo.

Su idioma convincente provocó refutaciones rápidas de profesionales y defensores de la vigor mental. El psicólogo Juan Rojas invocó la orientación internacional y la ética básica, recordando al sabido que nadie carece de dignidad intrínseca. Advirtió que la vergüenza pública por figuras influyentes perjudica la autoestima colectiva y corre el aventura de estandarizar los estereotipos discriminatorios. Rojas sugirió que tales comentarios pueden reflectar un sesgo personal o una búsqueda de atención en área de una crítica constructiva.

Preguntas más grandes sobre concursos, poder y representación

Camilo enmarcó su crítica como una preocupación cultural: se lamentó de que los ganadores recientes no reflejen la belleza dominicana «tradicional» y sugirieron causas que van desde una disminución de interés en los concursos hasta la mala administración de la selección de candidatos. Ella hizo remisión a los titulares anteriores como Amelia Vega y Celinee Santos como ejemplares que cree que una vez proyectó la belleza dominicana en el marco universal.

Los organizadores no emitieron de inmediato una respuesta formal. La nueva reina, Jennifer Ventura, ahora se encuentra en el centro de un debate franquista que va más allá de los cosméticos y las coronas. La controversia obliga a una conversación pública más amplia: ¿deberían los concursos de belleza preservar los viejos estándares, desempolvar sus criterios para una sociedad cambiante o ser tribunal por métricas que valoran el logro, el impacto social y la complejidad en área de la estética estrecha?

En un país donde la imagen se cruza con el turismo y el orgullo franquista, la lucha por una corona aprovecha los agitación culturales crudos. Camilo presenta sus comentarios como una súplica patriótica; Los críticos los llaman gratuitos y dañinos. De cualquier guisa, la disputa revela cómo permanecen las cuestiones de representación cargadas y políticamente visibles, y cómo una sola oración mordaz de una figura pública puede desencadenar una tormenta.