Santo Domingo.- El padre Rogelio Cruz se enfrentó a un tenso intercambio con la policía el jueves por la indeterminación a posteriori de que los oficiales intentaron grabarlo en sus teléfonos celulares cuando llegó a las ruinas del club noctívago Jet Set, donde posee una ofrenda mensual para las víctimas del desastre que mató a más de 200 personas hace cuatro meses.

«¡No me filmes! No soy un criminal. Sabes dónde están todos los delincuentes en este país», gritó Cruz, visiblemente amargo, antaño de calmar y entregar una homilía que se convirtió en una crítica elocuente del sistema de ecuanimidad dominicana. Minutos a posteriori, pidió a las autoridades y legisladores que transformaran el sitio dejado en un sepulcro manifiesto donde los dolientes podían presentar respetos.

En sus comentarios, Cruz calificó las decisiones judiciales vinculadas al caso de Jet Set «injusticia» y dijo que las medidas impuestas a los propietarios del club equivalían a «esa miserable justicia que han solicitado». Agregó una itinerario célebre: «La justicia es como una serpiente; solo entra y muerde el descalzo», una metáfora que solía argumentar el sufrimiento débil, mientras que las figuras poderosas escapan de la responsabilidad actual.

El enjuiciador Fátima Scarlette Veloz Suárez recientemente ordenó garantías económicas de RD $ 50 millones e impuso restricciones de delirio y apariciones periódicas para los propietarios de Jet, Antonio y Maribel Espaillat. La oficina del fiscal manifiesto ha dicho que apelará, describiendo las medidas como insuficientes.

Cruz dijo que ha enviado solicitudes formales a la Oficina del Alcalde del Distrito Nacional, el Senado y la Cámara de Diputados para resolver el sitio del club noctívago de servicios públicos y convertirlo en un sepulcro. Las cartas fueron presentadas por la Diócesis de Padre Montesinos y la Fundación Rogelio Cruz, dijo.

Dirigiéndose a las familias de las víctimas, Cruz ofreció consuelo enmarcado en la fe: «La muerte es un nuevo nacimiento … no queremos nada más que eso con Dios», dijo a la congregación. También utilizó la ocasión para pelar lo que llamó un orden político y social que, en su opinión, permite que una pequeña élite se beneficie a desembolso de los dominicanos comunes.

La protesta en todo el Caribe sobre el colapso del conjunto de chorro ha centrado la atención en la aplicación de la seguridad, la supervisión regulatoria y el ritmo de la respuesta contencioso. Por ahora, las ruinas siguen siendo un sitio de dolor y creciente presión pública tanto para el memoria como para la responsabilidad. El Círculo de Familiares y otros grupos de víctimas continúan exigiendo una investigación transparente y medidas más fuertes para evitar tragedias similares.