El 21 de junio de 1952, en el cálido corazón de Bonao, un chaval nació con los ritmos de la tierra golpeando su matanza. Días de Luis Portorreala quien el mundo más tarde sabría cómo «Terror«Fue desde el principio un alma tocada por la música, porque su padre le enseñó los primeros acordes en un tres, mientras que su superiora le dio la cadencia de los resbalones que cantaba con voz dulce y remoto. Con ellos aprendió que la música no se lee primero, siente.

73 aniversario del nacimiento de un gran: Luis "Terror" Días73 aniversario del nacimiento de un gran: Luis "Terror" Días
Luis «El Terror» Díaz

Desde una época temprana, fue trillado viajando por las carreteras de la República Dominicana a pie, entre pueblos, vecindarios y cayada. No solo escuchó la voz de la clan, sino que se acostó con él. Estaba allí, entre guitarras, tambores y voces campesinas, que germinaron el arte que luego le daría un oficio privilegiado en el alma franquista.

A los 16 abriles fundó su primera costado, Los chonnyscon el que tocaban rock and roll en torno a de Bonao. Poco posteriormente, se mudó a Santo Domingo para estudiar psicología en la Autónoma Universidad de Santo Domingo (UASD), pero su guitarra siempre fue con él, incluso en las siestas universitarias. No pasó mucho tiempo ayer de que esta pasión musical lo lleva a ser parte de TratarUn colección musical revolucionario en el bello y el ideológico, promovido por el sociólogo Dagoberto Tejeda. Convite no solo tocó música, rescató la memoria colectiva. Fueron a los campos, escucharon, investigaron, dormían en casas de mesa y zinc, y regresaron con sonidos auténticos que fusionaron la raíz con la guitarra.

Luis No solo jugó. Pensamiento. Yo escribí. Se rebeló. Tenía ideas atrevidas y una sensibilidad que le permitía convertir el dolor, la pobreza y la alegría de las personas en versos electrizantes. Así nacieron problemas como Trabajador, acepta mi manoque se convirtió en himno de la canción protesta en 1974.

En 1980 emigró a Nueva York, donde enseñó música dominicana tradicional en el Museo Americano de Historia Natural. Allí se empapó de Jazz, la terreno punk y las corrientes de vanguardia, agregando nuevas herramientas a su exuberante paleta musical. Dos abriles más tarde regresó al país y dio a luz al esquema que cambiaría el sonido urbano criollo para siempre: Transporte urbanoUna costado no clasificable, que mezcló Bachata, merengue, rock, jazz e incluso heavy metal.

El terror que hizo que la nación bailara

Era la voz del dominicano a pie, la costado sonora del caos de la hacienda, de desánimo y júbilo.

Fue entonces cuando compuso Bailar en la calleEl merengue que se convertiría en un himno de carnaval y que todavía nos hace mover nuestros pies y absolver los brazos. Pero su trabajo no se quedó allí. Su pluma dio canciones memorables a artistas como Sergio Vargas (Marola, Los vampiros), Sonia Silvestre (El guachimán), Fernando Villalona, ​​Kaki Vargas, Rubby Pérez, Dioni Fernández e incluso Marc Anthony, que cantaron Si tengo que expirar.

Luis Days fue más que un músico. Era un alquimista de sonido. Un hombre que vio en el Bachata lo que nadie quería ver: el blues dominicano. Cuando la élite todavía la desprecia, escribió que algún día sería «el triunfo de la miseria y la pobreza». Lo dijo con acordes, no con palabras. Y no estaba erróneo.

Su dispensado, fusible y estilo salvaje, lo llevó a morder álbumes memorables como Días de terror de Luis (1984), El accidente (1998), ya componen el cine, el teatro y la humanidades. Poesía publicada (Tránsito entre Guácaras), Musicalizado a corto otorgado y fue una parte esencial del despertar cultural dominicano de los abriles 80 y 90.

En 2004, fue manifiesto Patrimonio cultural de la nación dominicana. Recibió homenajes del Ministerio de Cultura, el Senado, Acroarte, e incluso tiene un premio de carnaval que lleva su nombre. Pero, sobre todo, tiene el respeto de la clan, que todavía canta sus versos en las calles, y la eterna correspondencia de una nación que lo vio irse el 8 de diciembre de 2009, con un ataque cardíaco, pero no sin ser dejado ayer de cruzar su huracán de talento.

Luis Días no se fue. Sigue aquí. En cada tambora, en cada coro callejero, en cada nota de guitarra con amargue. Porque cuando un intérprete logra convertir la historia de un pueblo en canción, nunca muere. Solo se transforma en música.