Nueva York. Con un impresionante promedio de aspersión de .423 en sus primeros 34 partidos de la temporada, Aaron Judge ha despertado una vieja interrogante en el béisbol: ¿puede un participante en la era moderna alcanzar el mítico promedio de .400?
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Judge, cultivador astral de los Yankees de Nueva York, lidera las Grandes Ligas con una amplia preeminencia de 74 puntos sobre su más cercano perseguidor, Paul Goldschmidt. Además, su OPS de 1.287 iguala el número con el que Ted Williams terminó cuando bateó .406 en 1941, la última vez que un participante de la Liga Americana alcanzó los .400 en una campaña completa.
No obstante, el principal obstáculo para Judge radica en la frecuencia de ponches. Mientras Williams se ponchó solo 27 veces en toda la temporada de 1941, Judge ya suma 31 ponches. Su tasa de ponches del 20.3% lo aleja de la eficiencia de contacto necesaria para proseguir un promedio tan suspensión a lo liberal de los 162 juegos.
Históricamente, solo un participante en las Grandes Ligas ha bateado al menos .350 con una tasa de ponches superior al 20%: Manny Ramírez, quien lo logró en el año 2000. Esto refleja el enorme desafío que enfrentan los bateadores de poder como Judge en la era moderna, donde el swing de liberal capacidad incluso conlleva más fallos.
Para alcanzar los .400, un bateador debe reunir varios factores excepcionales: una adhesión tasa de boletos, un BABIP (promedio de aspersión en bolas en gozne) propicio, la capacidad de hacer contacto consistente y una dosis significativa de poder para minimizar las oportunidades de ser retirado. A pesar de sus fortalezas, proseguir ese nivel durante una temporada completa requeriría no solo tacto, sino incluso consistencia, sanidad y una buena dosis de suerte.

