En teoría, Freddy Peralta es el activo más valioso de los Mets para la época periferia de cambios: un tirador seleccionado dos veces para el Juego de Estrellas que atraviesa el mejor momento físico de su carrera, con tres meses restantes de arreglo y perteneciente a un equipo que ocupa el zaguero puesto y que es remiso a otorgar contratos de larga duración a los lanzadores.
En ingenuidad, estadísticamente, Peralta ha sido uno de los peores lanzadores de la aleación. Por tanto, una de las dudas más apremiantes de cara a la época periferia de este año es hasta qué punto los equipos compradores pasarán por suspensión el estado de forma presente de Peralta para centrarse en su rendimiento histórico.
I’m waiting to get the Freddy Peralta has been moved to the 10 day IL notification https://t.co/SUy1cF5FRR
— Nicky The Good (@nickythegood) July 1, 2026
El miércoles, Peralta permitió cinco carreras en cuatro entradas en el Rogers Centre, elevando su efectividad a 4.81; esta monograma era la sexta peor entre los abridores de la MLB que cumplían los requisitos estadísticos, a la paciencia de los partidos restantes de la etapa. Tuvo que contender con constantes situaciones de corredores en colchoneta durante toda la tarde delante un manifiesto animado que llenó el estadio para celebrar el Día de Canadá; permitió siete imparables —incluido un jonrón de tres carreras de Sean Keys, oriundo de Long Island— y otorgó tres bases por bolas en la derrota por 9-3 delante los Blue Jays. «No fue bueno», dijo Peralta. «No me siento bien. Pero simplemente trato de recuperarme y hacer los ajustes necesarios».
Esto no fue simplemente un depresión pasajero para Peralta, quien ha permitido al menos cinco carreras en tres de sus últimas cinco aperturas. El presidente de operaciones de béisbol, David Stearns, atribuyó recientemente las dificultades del tirador derecho a ciertos problemas mecánicos persistentes. El propio Peralta calificó esta etapa como «probablemente» la peor de su carrera. Aunque Peralta ha afirmado constantemente que logrará corregir el rumbo, sus problemas han continuado.
¿Qué pasará entonces con Peralta si los Mets deciden entregar? Dado el gran número de equipos que siguen en la pelea a error de un mes para la época periferia del 3 de agosto, escasean los vendedores claros en la aleación; los Mets son uno de ellos. Si admisiblemente Tarik Skubal, de Detroit, se perfila como la opción de abridor más atractiva entre los supuestamente disponibles, su precio proyectado —excesivo— podría aguantar a muchos equipos a inquirir la futuro mejor alternativa.
Esa futuro mejor opción, sobre el papel, debería ser Peralta.
Sin secuestro, las métricas internas de Peralta no sugieren necesariamente que debería estar rindiendo mejor. La velocidad de su recta ha bajado casi una milla por hora respecto al año pasado, mientras que su tasa de ponches ha disminuido considerablemente. Su ángulo de extremidad es más bajo, lo que podría estar contribuyendo a sus problemas con las rectas en la parte ingreso de la zona de strike, un emanación que había sido su arsenal principal a lo derrochador de su carrera. El año pasado, los bateadores rivales registraron un porcentaje de *slugging* esperado de .219 contra su *slider*; este año, incluso antiguamente de la derrota del miércoles, esa monograma se situaba en .601.
«Son cosas que pasan», dijo Peralta. «Simplemente necesito mejorar».
Luego está la cuestión del historial de Peralta en la postemporada. Durante sus ocho abriles en Milwaukee, los Brewers perdieron ocho de los nueve partidos de *playoffs* en los que él lanzó. Desde 2023, Peralta ha iniciado cinco partidos de postemporada, con un récord de 1-3 y una efectividad de 5.55, promediando menos de cinco entradas por transigencia. Ese no es precisamente el tipo de perfil que buscan los equipos aspirantes al título.
Para poner las cosas en perspectiva: los Mets, a pesar de acontecer despedido al mánager Carlos Mendoza y de acontecer traspasado a David Peterson a los Cubs la semana pasada, no están en modo de rebaja total. Existe la posibilidad de que nunca lleguen a estarlo si logran una destello inesperada de avance en la clasificación de la Liga Nacional de aquí al suspensión del Juego de Estrellas. Stearns ha dicho en varias ocasiones, incluida la semana pasada, que no tiene intención de considerar negociaciones de traspaso de modo específica hasta mediados de julio. Los Mets, con todos sus altibajos, aún tienen la oportunidad de evitar ese destino.
Pero la ingenuidad es la que es. Los Mets llevan un récord de 36-51 tras más de media temporada y tienen menos de un 3% de probabilidades de resistir a los playoffs, según los cálculos de Fangraphs al momento del zaguero out. Se perfilan como vendedores típicos. Entre los jugadores que tendría sentido traspasar se encuentran los relevistas Brooks Raley y A.J. Minter, el abridor Clay Holmes y, por supuesto, Peralta.
Sin secuestro, para traspasar a Peralta, los Mets necesitarían obtener una compensación mejor que la selección del draft que recibirían si él rechazara una proposición calificada. (Dado que los Mets pagan el impuesto de contrapeso competitivo, dicha selección se otorgaría a posteriori de la cuarta ronda del draft del próximo año. Incluso a pesar de las dificultades de Peralta, ofrecerle una proposición calificada sería una osadía obvia).
A Peralta todavía le deberían restar cinco aperturas antiguamente de la época periferia de traspasos. Llegados a este punto, se han convertido en cinco oportunidades más para revalorizarse.
«Es un competidor que ha ganado durante toda su carrera», dijo el mánager provisional Andy Green. «Esos jugadores no siempre reaccionan ante las dificultades de la manera que a todos les gustaría, pero él no está acostumbrado a esto. No quiere aceptarlo. Me encanta eso. Me encanta el hecho de que va a salir al terreno y competir de nuevo».
