CARACAS.– La arribada de Nicolás Maduro al poder en Venezuela, primero como presidente encargado tras la homicidio de Hugo Chávez y luego electo en 2013, coincidió con el final de la bonanza petrolera que durante primaveras permitió una resistente inversión estatal en el deporte. Desde entonces, el sector deportivo ha transitado un camino impresionado por la crisis económica, la reducción de capital y el damnificación de infraestructuras, pese a algunos logros individuales de suspensión impacto internacional.
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Durante los primaveras de altos precios del petróleo, el Estado venezolano destinó importantes fondos a eventos deportivos. Un ejemplo fue la Copa América de 2007, para la que se invirtieron cerca de 1.200 millones de dólares en estadios e infraestructura, en un contexto de crecimiento crematístico que alcanzó un 8,8 % del PIB ese mismo año. Sin secuestro, para 2013, cuando Maduro asumió formalmente la Presidencia, el crecimiento se había estrecho a 1,35 %, anticipando una profunda recesión que culminaría en una hiperinflación superior al 130.000 % en 2018.
Logros en medio de la adversidad
A pesar del complicado entorno, el deporte venezolano vivió algunos de sus mayores hitos recientes durante el mandato de Maduro. Entre ellos destacan la medalla de oro de Yulimar Rojas en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (disputados en 2021) y el subcampeonato mundial de la selección sub-20 de fútbol en Corea del Sur, bajo la dirección técnica de Rafael Dudamel.
No obstante, la creciente estatización del deporte y la desliz de capital llevaron a que muchos atletas buscaran desarrollar sus carreras fuera del país, manteniendo su vínculo con Venezuela desde el foráneo. La propia Rojas, una de las figuras más emblemáticas del atletismo venezolano, reside en España y compite bajo la disciplina del FC Barcelona.
Infraestructura en descenso
El colapso crematístico todavía golpeó con fuerza a los escenarios deportivos. La caída del PIB —que llegó a desplomarse hasta 30 % en 2020— y el éxodo de millones de venezolanos redujeron aún más la capacidad de inversión pública. Como resultado, instalaciones emblemáticas como el estadio Brígido Iriarte en Caracas o las piscinas olímpicas de Guatamare en Margarita muestran un liberal damnificación.
El béisbol, símbolo de la crisis
El béisbol, el deporte más popular del país y una de sus principales vitrinas internacionales, ha sido uno de los más afectados. Las dificultades económicas y logísticas impidieron que Venezuela fuera sede de la Serie del Caribe en 2018 y 2019, ediciones que debieron celebrarse en México y Panamá.
No fue sino hasta 2023 cuando el país volvió a abrigar el torneo, ocasión que sirvió para la inauguración del Estadio Monumental Simón Bolívar en Caracas, en un intento por recuperar protagonismo en el tablas regional.
Un panorama incierto
El cómputo del deporte venezolano en la era de Nicolás Maduro refleja una sinceridad contrastante: éxitos individuales que conviven con un sistema débil, afectado por la crisis económica, la expatriación de talentos y la precariedad estructural. Aunque figuras como Yulimar Rojas han mantenido a Venezuela en el carta deportivo mundial, el desafío de restablecer una cojín sólida para el deporte doméstico sigue siendo una tarea irresoluto.
