Santo Domingo.- Aunque en muchos lugares del mundo el 31 de octubre se celebra con disfraces, luces y fiestas, en República Dominicana Víspera de Todos los Santos sigue generando polémica. Durante un trayecto en la Zona Colonial de Santo Domingo, algunos ciudadanos expresaron su rechazo a esta festividad por considerarla contraria a sus títulos y creencias religiosas, mientras que otros la asumieron como una simple ocasión para compartir y divertirse.

Halloween, una tradición de raíces extranjeras, ha ido ganando espacio en algunos sectores del país, especialmente entre los jóvenes y en lugares turísticos. Sin retención, todavía causa división en la sociedad dominicana, donde muchos lo asocian con prácticas satánicas o influencias demoníacas.

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Algunos extranjeros residentes en el país lo celebran con normalidad.

«A veces lo he celebrado. Una vez nos disfrazamos de esqueleto y del chico del maíz. Siempre lo celebro. Te juntas con amigos y lo celebras. Es una ocasión para juntarnos, divertirnos y pasar un buen rato». dijo Rijo, de patria española.

Sin retención, no todo el mundo piensa lo mismo. Para muchos dominicanos, esta celebración no sólo es ajena a la civilización doméstico, sino que asimismo representa un peligro espiritual.

«Es algo negativo para mí. Crecí más de la mitad de mi vida en Estados Unidos y nunca he celebrado Halloween. Mi familia sí, pero yo no. Uno, porque soy cristiano y son cosas demoníacas, y no lo comparto». Dijo Rebeca.

Para otros, es una habilidad que no encaja con las tradiciones locales ni con la identidad cultural del país.

«Por eso tenemos el carnaval. Quizás no sea lo mismo, pero es algo parecido, la gente se disfraza y se divierte. Mucha gente lo ve negativamente en el sentido de que lo ven como un culto al diablo». expresó Yoan.

A pesar de las críticas, en los últimos primaveras el festival ha manada dominio en discotecas, centros comerciales y colegios privados, especialmente en zonas urbanas. Sin retención, para muchos dominicanos el 31 de octubre sigue siendo un día más, sin espacio en el calendario cultural del país.