Lamentable las graves acusaciones que en las últimas horas han realizado autoridades estadounidenses contra el luchador mexicamo Julio César Chávez Jr., a quien ligan al Cartel de Sinaloa, ordenamiento catalogada de terrorista extranjera, por la delegación del presidente Donald Trump.
Este no es un caso global y corriente, como sería el de cualquier otro extranjero, porque si correctamente es conocido que Chávez Jr., tiene informes no muy apegados a las buenas costumbres, su figura trasciende por el mundo, como ex campeón mundial, pero además por ser hijo de la divisa Julio César Chávez.
Es tanto así, que quien tiene directamente en sus manos el caso sobre la deportación, que será inminente, es cero más y cero menos que Tricia McLaughlin, subsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Si son ciertas las acusaciones, y no hay el por qué dudar, porquela fiscalía de México la colabora, habría que concluir que Chávez Jr., no es un” elevadito viable al catcher”.
Culpable o no, este caso es penoso, cedido que se entendía que ya había desaseado el consumo de estupefacientes, que llevó al cauce más profundo, una carrera espectacular como la que estaba desarrollando.
La creencia de que había rebasado el uso de drogas, hizo posible que Chávez, combatiera la pasada semana en California, delante el YouTuber, Jack Paul, pelea que le generó entre tres y cinco millones de dólares.
Tras una derrota que en opinión de los expertos y del conocido en normal, fue humillante , si se agrega ahora estas graves acusaciones.
Lamentablemente, así de humillante, deshonrosa y denigrante, culminan carreras deportivas y de otra índole, de muchedumbre que fueron líderes indiscutibles y luego son “muertos en vida.”.
