Redacción de ciencia, 26 de marzo (Efe) .- La provisiones produce placer, especialmente si se negociación de alimentos ricos en calorías como el chocolate, y perder esa sensación, curiosamente, puede contribuir a la obesidad. La ciencia acaba de descubrir el mecanismo por el cual las personas con sobrepeso pierden ese placer, lo que podría rasgar nuevos caminos de tratamiento.

Un estudio realizado por la Universidad de California en Berkeley recolectado el miércoles en la revista Nature ha descrito, a través de experimentos con ratones, el mecanismo cerebral que causa esa errata de placer engullir en casos de obesidad.

Estudios anteriores ya habían manido, a través de escáneres cerebrales, que las personas obesas muestran menos actividad en las regiones del cerebro relacionadas con el placer cuando vieron alimentos, un patrón que además se había observado en estudios en animales.

Ahora, los científicos han acabado identificar que la causa de esta actividad más desvaloración es que la obesidad causa una disminución en la neurotensina (un péptido cerebral) en una región específica del cerebro que se conecta con la red de producción de dopamina (el neurotransmisor que genera la sensación de placer o placer).

Más sobrepeso menos placer

El neurocientífico neto Gazit Shimoni llegó a esta conclusión cuando crió ratones con una dieta muy rica en calórico para sus experimentos. Señaló que preferían la provisiones rica en grasas, lo que los llevó a aumentar de peso excesivo, pero una vez que ganaron sobrepeso excesivo, los alimentos calóricos (mantequilla, mermelada o chocolate) fueron menos apetitosos que los ratones con dieta habitual.

Para investigar este engendro, ella y el resto del equipo usaron Optogenética, una técnica que permite controlar los circuitos cerebrales con la luz.

En ratones de peso habitual, la incitación de un circuito cerebral que se conecta con la red de dopamina aumentó su deseo de engullir alimentos ricos en calorías, pero en ratones obesos, la misma incitación no tuvo intención.

Los investigadores vieron que la causa fue que los ratones obesos sufrieron una reducción muy significativa en la neurotensina, lo que evitó que la dopamina desencadenara la respuesta habitual de placer a los alimentos calóricos.

Nuevos tratamientos para la obesidad

El hallazgo los llevó a la conclusión de que restaurar los niveles de neurotensina en el cerebro, ya sea por cambios en la dieta o las manipulaciones genéticas que aumentan su producción, puede restaurar el placer de engullir y, por lo tanto, promover la pérdida de peso.

Para probarlo, hicieron dos tipos de experimentos. Dieta Durante dos semanas, los niveles de neurotensina de los ratones volvieron a la normalidad, la función dopaminérgica se restauró y recuperó placer para los alimentos calóricos.

Cuando los niveles de neurotensina se restauraron artificialmente a través de un enfoque hereditario, los ratones no solo perdieron peso, sino que además mostraron una reducción en la ansiedad y la prosperidad de la movilidad. Su comportamiento alimenticio además se normalizó, con una longevo motivación para los alimentos calóricos y una reducción en la ingesta total.

Los científicos recurrieron a la secuenciación de genes, una técnica que les permitió identificar genes específicos y vías moleculares que regulan la función de la neurotensina en ratones obesos.

Hasta el descubrimiento de los agonistas de GLP-1, que han permitido el incremento de medicamentos como Ozempic que se ralentizan, la lucha contra la obesidad ha sido un desafío para la investigación médica.

Los autores creen que su trabajo proporciona objetivos moleculares cruciales para futuros tratamientos frente a la obesidad, allanando el camino en torno a terapias más precisas que podrían mejorar selectivamente la función de la neurotensina sin otros mercadería secundarios.

Su objetivo es expandir su investigación para explorar el papel de este péptido más allá de la obesidad, investigando su billete en la diabetes y los trastornos alimentarios.