No, no se está volviendo una rutina.

Durante las primeras cinco décadas de su existencia, los Padres clasificaron a la postemporada un total de cinco veces. Con una triunfo por 4-2 sobre los Dodgers el jueves en el Dodger Stadium, ahora regresan a los playoffs por finca vez en los últimos siete abriles.

Asegurar este boleto no fue carencia sencillo. Jamás estuvo claro si los Frailes siquiera llegarían aquí. En un punto de este verano, ni siquiera estaba claro si conservarían a algunos de sus mejores jugadores o los cambiarían.

Pero aquí están, preparándose para el béisbol de playoffs por tercer otoño consecutivo — la primera vez en la historia de la franquicia que logran esa correr. Si alguna vez hubo un año para conquistar ese esquivo primer título de Serie Mundial, ¿por qué no este?

Se puede argumentar que este equipo está mejor armado para manejar los rigores de octubre que el maratón de seis meses que es la temporada regular. El club de San Diego armó el mejor bullpen en todo el deporte, y ahora pueden desatar a Mason Miller y al cubano Adrián Morejón en la parte final de los partidos. Deberían ser capaces de acortar los partidos en octubre como ningún otro equipo. Sin mencionar que su rotación se encuentra en la mejor forma en la que ha estado en toda la campaña.

Durante la anciano parte del año, esa rotación estuvo en constante cambio. De alguna modo, los Padres hicieron que funcionara, pero necesitaron ponerse creativos para lograrlo. A finales de julio se encontraban tres juegos por debajo de los .500 y en el 11mo puesto de la Liga Nacional. A principios de dicho mes, sufrieron una colosal jugada de ocho derrotas consecutivas, la más larga del conjunto en 13 abriles. Su cuerpo monticular se estaba desmoronando.​

Entonces trazaron un plan. Michael King y Walker Buehler se mantendrían como abridores tradicionales. ¿Los otros tres puestos en la rotación? No habría abridores regulares ni roles asignados. Miller se encargaría del noveno episodio. ¿Las otras ocho entradas? Pertenecerían a quien estuviera más fresco y a quien ofreciera los mejores duelos particulares.

Los Padres no lo ocultaron: Estaban desesperados. La Fecha Meta de Cambios se avecinaba a 10 días, y le habían poliedro pocos motivos a la administración y al directivo caudillo A.J. Preller para ser agresivos.

“Es un lugar extraño en el cual estar”, indicó el inicialista Ty France en ese momento. “Prácticamente, si queremos ir a donde queremos ir — y poner a la gerencia en posición de hacer lo que A.J. típicamente hace — necesitamos ganar juegos. Y no lo estamos haciendo”.

Entonces… comenzaron a hacerlo.

Esa no convencional organización de pitcheo — bautizada luego como «caos de pitcheo» — verdaderamente funcionó. Por supuesto, los Padres no necesitaron dos meses de caos de pitcheo. Solo necesitaron algunas semanas antaño de la Fecha Meta, ganándose el derecho a admitir refuerzos — ganándose el derecho a permanecer juntos.

No, los Frailes no consideraron seriamente cambiar a Miller. Pero si las cosas no mejoraban, definitivamente habrían considerado canjear a piezas secreto como King, Morejón y France.

“Era ganar o ir a casa”, declaró Jake Cronenworth sobre esos nueve juegos a finales de julio y principios de agosto.

San Diego acudió a su bullpen para conseguir ocho victorias en nueve partidos, dejando todo despierto para que Preller hiciera lo que acostumbra en la Fecha Meta: Cambió a tres de sus mejores nueve prospectos por Robbie Ray y Casey Mize.

“No nos disculpamos por eso”, indicó Preller ese día. “Estamos intentando ganar campeonatos. Estamos intentando llegar a la postemporada — y hacerlo año tras año”.

Es difícil discutir contra los resultados. Diga lo que quiera sobre el formato expandido de playoffs (y definitivamente ha ayudado). Pero esta era del béisbol de los Padres es fácilmente la más exitosa en la historia de la franquicia. No se pueden revisar los libros de récords año tras año y conmover a ninguna otra conclusión.

Pero nunca hubo garantías de que este año terminaría con un alucinación de reverso a los playoffs. A mediados de junio, los Frailes tenían la peor ataque del béisbol, ubicados en el posterior superficie en casi todas las categorías principales. El dominicano Fernando Tatis Jr. estaba en medio de una sequía de trueno épica. Manny Machado y Jackson Merrill enfrentaban obstáculos. San Diego todavía no descifraba lo que tenía en France.

Ellos insistían en que cuando todo encajara — y terminaría ocurriendo así — esta ataque respondería con fuerza. Y así fue…

Tatis, quien no conectó su primer jonrón sino hasta el 30 de mayo, ahora lleva 25. Merrill tiene 26 y Machado 29. France estaría en la mayoría de las tablas de líderes en promedios — de acaecer fatigado los turnos calificados. Adiciones a parte de temporada como Samad Taylor, el venezolano Luis Rengifo, Dustin Harris y Jase Bowen ayudaron a estabilizar el barco.

En septiembre, esta ha sido la mejor ataque en todo el béisbol. Combinada con el que ya era el mejor bullpen de las Grandes Ligas. Todavía queda por especificar contra quién (y dónde) jugarán en la Serie de Comodines. Pero a los Padres les gustan sus probabilidades.

“La meta de cada temporada es ir mejorando a medida que avanza el año”, explicó el dirigente en su primer año, Craig Stammen, quien mantuvo el barco a flote en todo momento. “Hay altibajos a lo largo del camino. Pero quieres estar entrando en un ritmo adecuado al final”.

Este año, esos altibajos fueron tan marcados como en cualquiera de las últimas cinco campañas con rumbo a los playoffs. Lo que hizo que reforzar el boleto este año fuera tan dulce como en cualquiera de esas cinco ocasiones anteriores.

Con otro punto parada — el más noble de todos — todavía por prosperar.