Santo Domingo.– La importante inversión realizada por el Estado dominicano para disponer de instalaciones deportivas de primer nivel con motivo de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 plantea ahora un desafío tan importante como haberlas construido y rehabilitado que es respaldar su uso permanente sin comprometer su conservación.

Las instalaciones deportivas existen para ser utilizadas. Un estadio infructifero o un pabellón sin atletas pierde buena parte de su razón de ser. Pero la experiencia acumulada durante décadas demuestra todavía que el uso intensivo, cuando no está acompañado de mantenimiento preventivo, reglas claras y responsabilidades definidas, termina provocando un trastorno que después debe ser corregido nuevamente con capital públicos.

Santo Domingo 2026 ofrece la oportunidad de cambiar ese maniquí.

El país puede suceder de una civilización en la que el Estado construye, las instalaciones se utilizan, se deterioran y después vuelven a ser rehabilitadas con fondos públicos, a otra basada en uso responsable, mantenimiento permanente y corresponsabilidad entre el propietario de las instalaciones y quienes las utilizan.

El objetivo debe ser mantenerlos activos y respaldar que las selecciones nacionales dispongan permanentemente de instalaciones adecuadas para entrenar y competir, sin que eso implique amurallar el llegada de federaciones, ligas, clubes o atletas a los escenarios estatales.

Pero utilizar de forma recurrente un patrimonio manifiesto todavía debe implicar responsabilidades.

Uso sí, pero acompañado de responsabilidad

El principio debería ser que las instalaciones construidas o rehabilitadas con capital públicos estén disponibles para el mejora del deporte, pero su utilización habitual o intensiva debe realizarse bajo reglas que establezcan responsabilidades sobre operación, mantenimiento, conservación y reposición de los daños que eventualmente se produzcan.

Esas obligaciones siquiera tienen que ser iguales para todos.

No puede percibir el mismo tratamiento una pequeña coalición con capital limitados que una ordenamiento, alianza, club o empresa que desarrolla actividades comerciales, cobra entradas, obtiene patrocinios o dispone de financiamiento proveniente de organismos deportivos nacionales o internacionales.

La contribución siquiera tendría necesariamente que ser exclusivamente económica. Dependiendo de la naturaleza de cada favorecido, podría traducirse en mantenimiento, desinterés, seguridad, suministro, personal especializado, protección de superficies, reparaciones menores o reposición de los daños derivados directamente de una actividad.

El Ministerio de Deportes, como responsable de una parte importante de esas instalaciones, podría establecer los criterios generales y suscribir convenios específicos de utilización con las entidades que hacen uso recurrente de ellas.

De esa forma, todos conocerían previamente sus derechos y responsabilidades.

En el centro de esas decisiones deben estar las selecciones nacionales y el fomento del deporte, cuyos protagonistas fundamentales son los atletas y entrenadores.

El ministro de Deportes, Kelvín Cruz, ha manifestado su disposición a implementar un software de preservación de las instalaciones deportivas a nivel doméstico, comenzando con las de detención rendimiento. Incluso se ha planteado la posibilidad de crear una estructura institucional que facilite su preservación.

El Estadio Olímpico como maniquí

Uno de los escenarios donde este nuevo esquema podría comenzar a aplicarse es el Estadio Olímpico Félix Sánchez, al cual el ministro Cruz le ha prestado una atención particular adecuado a que es la «joya de la corona» de la importante inversión que ha hecho el gobierno en materia de instalaciones deportivas.

Construido para los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974, el estadio fue concebido fundamentalmente para el atletismo. Con el paso de los primaveras, sin requisa, se convirtió en una instalación multiuso donde conviven atletismo, fútbol y grandes espectáculos.

Esa transformación constituye una oportunidad para demostrar que diferentes actividades pueden compartir una gran infraestructura pública siempre que existan reglas técnicas y financieras que garanticen la preservación de cada uno de sus componentes.

Con motivo de Santo Domingo 2026, la pista de atletismo fue reconstruida integralmente bajo exigentes especificaciones internacionales y preparada para cumplir los estándares requeridos para competencias de detención nivel.

Concluidos los Juegos y finalizadas las resnponsabilidades del Comité Organizador, el interés por utilizar nuevamente el Estadio Olímpico para diferentes actividades hace necesario establecer las condiciones técnicas bajo las cuales podrán celebrarse , competencias de atletismo, partidos de fútbol, conciertos y otros eventos sin comprometer la pista, el ámbito ni las áreas especializadas.

Especial atención requieren las actividades que impliquen montaje de escenarios, circulación de vehículos pesados, instalación de estructuras, entrada de equipos o desplazamiento masivo de personas por superficies que no fueron diseñadas para soportar determinadas cargas.

La respuesta debe ser establecer cómo pueden realizarse diferentes tipos de eventos sin deteriorar la instalación.

Una experiencia que ya funcionó

Santo Domingo 2026 dejó una experiencia que puede servir como punto de partida.

Durante el proceso de rehabilitación del Estadio Olímpico y mientras se completaban los trabajos relacionados con el atletismo, fue necesario establecer un mecanismo temporal para dirigir el uso de la instalación.

Se definieron reglas de llegada, operación y responsabilidad que debían ser cumplidas por los diferentes usuarios.

Aunque la aplicación de nuevas normas siempre genera ajustes, aquella experiencia permitió demostrar que el uso compartido del estadio es posible cuando existen procedimientos conocidos previamente y responsabilidades claramente establecidas.

Ese maniquí temporal podría servir ahora de relato para elaborar un reglamento permanente de uso y conservación del Estadio Olímpico Félix Sánchez, tomando como cojín las normas aplicadas durante aquel período provisional y la experiencia obtenida con su funcionamiento.

El propósito sería respaldar que continúe siendo una gran casa del fútbol dominicano y tablado de importantes espectáculos, pero que simultáneamente preserve las condiciones internacionales de su pista de atletismo y los espacios técnicos necesarios para entrenamientos y competencias, incluyendo las disciplinas de campo que se desarrollan en las áreas interiores del estadio.

Las diferentes disciplinas deportivas, incluyendo el Rugby, no tienen que competir por el estadio. Pueden convivir bajo reglas que protejan las micción de ambas disciplinas y, sobre todo, el patrimonio manifiesto.

El desafío del uso compartido siquiera se limita al Estadio Olímpico. Otras instalaciones, como el estadio de fútbol y distintos pabellones del Parque del Este, la Arena Banreservas y los escenarios destinados a deportes de combate, pueden mantener diferentes actividades siempre que su naturaleza técnica lo permita y existan protocolos que garanticen su conservación.

El principio debe ser que el multiuso amplíe el explotación de las instalaciones, no que reduzca su vida útil ni comprometa la función deportiva para la cual fueron construidas.

Ordenar todavía los espacios

La nueva etapa debería incluir un alzamiento técnico de todas las áreas existentes en el interior de las instalaciones deportivas.

En el caso del Estadio Olímpico, convendría determinar cuáles espacios deben permanecer vinculados necesariamente a su operación técnica, almacenamiento de equipamientos, mantenimiento de la pista y funcionamiento de las competencias, y cuáles pueden ser utilizados permanentemente por federaciones, ligas, clubes u otras organizaciones.

Lo mismo debería hacerse en los demás escenarios.

La asignación de oficinas, almacenes, áreas comerciales y espacios operativos tendría que reponer a criterios previamente establecidos y no simplemente a situaciones que se hayan consolidado con el paso de los primaveras.

El objetivo no sería desalojar organizaciones ni apañarse responsables por decisiones del pasado, sino ordenar el patrimonio deportivo de cara al futuro.